Con un margen de tres días una nueva patera con 63 inmigrantes marroquíes es avistada desde el cielo por un avión de reconocimiento del ministerio de Agricultura y Pesca a 43 millas de las costas de Motril.
Sesenta y tres personas, hacinadas en una embarcación de 8 metros de eslora, con todo el derecho del mundo a procurarse una vida mejor ejerciendo una de las pocas oportunidades que nuestras sociedades prosperas les brinda: "jugarse la vida en el mar para lograr unos trabajos precarios y clandestinos", y sin embargo funcionales al sistema en cuanto que flexibles y baratos.
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