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domingo, abril 28, 2019

Impulsar la justicia social, promover el trabajo decente. Centenario de la OIT


Nuestra opinión en papel



   En el 2019 la Organización Internacional del Trabajo (OIT) celebra 100 años de avance sobre la justicia social y la promoción del trabajo decente.

Reúne a representantes de gobiernos, trabajadores y empleadores y se creó en una época de agitación y de rápidas transformaciones en los planos social y tecnológico marcado por las actividades de reconstrucción y recuperación tras los estragos provocados por la I Guerra Mundial. Fue fundada en 1919 en la creencia de que la justicia social es esencial para lograr una paz universal y duradera. Actualmente funciona como agencia especializada de las Naciones Unidas

“Cuando estas tres llaves giran a la vez, cuando gobiernos, empleadores y trabajadores trabajan juntos, las puertas se abren y la justicia social avanza".(Guy Ryder, Director General de la OIT).

De la OIT surge el concepto de TRABAJO DECENTE para reivindicar que el trabajo no es una mercancía. No es un objeto inanimado que pueda negociarse para obtener más ganancias o conseguir el precio más bajo. El concepto de trabajo decente guarda relación con el respeto propio de una persona, así como con su bienestar y desarrollo como ser humano. Las normas internacionales del trabajo velan por que se garantice un camino hacia el trabajo decente.

Los movimientos eclesiales que formamos la ITD (Iglesia por el Trabajo Decente) queremos unirnos a este centenario y mostrar nuestra adhesión al inmenso trabajo que realizan así como al documento especial que han elaborado entorno al centenario y que os invitamos a visitar en su bien elaborada página web.

También hacemos nuestras algunas de las palabras del papa Francisco sobre el trabajo y su centralidad para la vida de las personas “No hay peor pobreza material que la que no permite ganarse el pan y priva de la dignidad del trabajo”. “El desempleo juvenil, la informalidad y la falta de derechos laborales no son inevitables, son resultado de una previa opción social, de un sistema económico que pone los beneficios por encima de la persona”. “¡Cuánto me gustaría ver a todos con un trabajo decente! Es algo esencial a la dignidad humana.”

Recién estrenado el año, el papa Francisco, ha vuelto a reiterar la importancia de abordar una de las plagas de nuestro tiempo: las condiciones de trabajo, ya que si no se protege adecuadamente, pasa de ser un medio de realización humana a una forma de esclavitud., el papa Francisco que probablemente asistirá a la reunión centenaria, mantiene “la esperanza de que la OIT, más allá de intereses particulares, seguirá siendo un ejemplo de diálogo y concertación para lograr sus altos objetivos” de trabajo decente para todos y todas.

La aportación cristiana a este diálogo se está construyendo en diversos foros y con el protagonismo de distintas entidades, entre ellas el MMTC (Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos) al que pertenece la HOAC.

Cuando se creó la OIT para muchos era “un sueño salvaje”. Hoy siguen mirando al futuro con una agenda centrada en el ser humano. Depende de todos nosotros garantizar que con todos los cambios por delante, sigamos comprometidos a trabajar juntos y encontrar soluciones a los desafíos que probablemente se presentarán en el futuro






Carmelo Donado Campos
Presidente de la Hoac de Granada
Publicado en el Ideal de Granada (28-4-19)


domingo, marzo 31, 2019

DEL MARTILLO A LA CRUZ


Nuestra opinión en papel



   El día 25 de Enero de este año, cuatrocientas personas pudimos ver el reportaje de la “memoria histórica” de los cristianos laicos y sacerdotes que, desde la fundación de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) en la década de los cuarenta, motivados por su fe en Cristo, hicieron causa común con la clase trabajadora para compartir su “hambre y sed de justicia” (décadas 1960-1990 especialmente).

Fue una gozada emocionante, recordar, viendo y oyendo, los testimonios de los militantes cristianos, de los curas obreros y de los que, con su predicación en las parroquias y ejemplo de vida pobre y sencilla, promovían la justicia social, sobrellevando vigilancias y multas sin sentido. En el coloquio posterior, uno de ellos dijo atinadamente que el título del reportaje “De la cruz al martillo” había que darle la vuelta: “del martillo a la cruz”, por fidelidad a Jesús de Nazaret, “el hijo del carpintero”, como decían sus paisanos nazarenos.

En Granada, en el barrio de Almanjáyar, hay una parroquia con el nombre de Jesús Obrero. Pues Jesús empezó siendo un trabajador (del ramo de la madera, diríamos hoy). A los treinta años de edad, dejó el trabajo manual para dedicarse a otro trabajo más arriesgado, el de anunciar y realizar entre los pobres ”El Reino de Dios y su Justicia”. Por ir a contracorriente del dios dinero y sus adictos, por convocar una comunidad de discípulos para convivir y por compartir la vida de hijos de Dios en familia de hermanos, superando legalismos hipócritas y meros cumplimientos religiosos y civiles, lo condenaron a muerte en la cruz.

Cuando, haciendo cruces de plata y de oro, vaciamos de sentido la cruz del Cristo pobre y liberador, hay que volver a la autenticidad primera, arriesgándose a sufrir malentendidos, incomprensiones, rechazos, persecución, incluso muerte violenta, por parecernos a Jesús en sus hechos y dichos. Así colaboramos con todos los hombres y mujeres de conciencia justa a hacer un mundo nuevo de hermanos compartiendo dignamente el trabajo y sus frutos, sin opresión, ni explotación, ni manipulación ideológica de ninguna clase.

Empecé a aprender todo esto en la parroquia de Peligros, allá por el año 1966, cuando vinieron a trabajar a mi pueblo dos jesuitas obreros y nos pusimos en contacto con la HOAC, asistimos a sus encuentros de formación, practicamos su método de encuestas (ver, juzgar y actuar), entramos en contacto con los curas diocesanos que querían vivir la opción por los pobres, defendiendo su causa en su labor pastoral en las parroquias, y algunos optando por incorporarse al trabajo manual, codo con codo con los obreros, expuestos como ellos a represalias, multas y cárcel, por defender y practicar el derecho a la libertad de asociación sindical, de pensamiento y de opinión.

Han pasado más de 50 años, y con el papa Francisco que ha optado por una “Iglesia pobre para los pobres” desde el primer día, hoy gozamos con nuestra experiencia acumulada de la militancia obrera cristina, viéndola refrendada tan explícitamente por el mismo sucesor de san Pedro. Seguimos trabajando por la dignidad, la justicia y la equidad en el mundo del trabajo agrícola, industrial, de la cultura y de los servicios, en la igualdad de derechos y deberes compartidos entre varones y mujeres. Gracias a Dios, cada día hay más cristianos que renuevan su fe y se incorporan a la limpia lucha por un mundo nuevo, justo, fraterno y así auténticamente libre.

Ahora, el tiempo de Cuaresma, tiempo más propicio para una conversión más evangélica de toda la Iglesia al servicio desinteresado de toda la sociedad, es una invitación a seguir más de cerca de Jesucristo hasta la cruz, continuando su entrega, empezando por los últimos hasta hacerlos primeros, como él mismo dejó enseñado y practicado.





Francisco Chacón Gómez
Militante de la Hoac de Granada


domingo, febrero 10, 2019

FRATERNIDAD Y DIÁLOGO


Nuestra opinión en papel



   En nuestra vida política vamos de sobresalto en sobresalto y de disparate en disparate. La situación es cada vez más grave porque, perdidos en medio de disputas estériles y no pocas veces basadas en la mentira, los verdaderos problemas sociales (las desigualdades, la precarización del trabajo y de la vida, el empobrecimiento, la exclusión, el descarte de personas…) siguen sin afrontarse. Estamos instalados en una profunda crisis política, tanto institucional como social, en muchos casos los comportamientos políticos de las personas no van a la zaga del deterioro de las instituciones. No acabamos de darnos cuenta de cómo el neoliberalismo y su idolatría del dinero han socavado de raíz la vida política. El individualismo, radicalmente contrario a lo que las personas somos y necesitamos para construir nuestra humanidad, se ha impuesto como principio práctico de la organización social y económica. En ese contexto crece una preocupante frivolidad y superficialidad política que no ayuda nada a comprender lo que nos pasa, ofrece falsas soluciones que fracturan aún más la sociedad, exacerba el individualismo y el particularismo, nos envuelve en falsas identidades que nos enfrentan, y nos aleja cada vez más de la justicia y del bien común.

     Es posible afrontar esta situación y construir otra realidad. Nos lo dice la vida de personas y grupos que, desde su entrega generosa y cotidiana cercana a la vida de los empobrecidos, construyen de hecho otra realidad mucho más humana. Como señala el papa Francisco: «No todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan». «Hace falta la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos» (Laudato si’, 205 y 202).

    Pero para ello es necesario cultivar y practicar, al menos, tres caminos fundamentales:

     La fraternidad, porque uno de los mayores olvidos de nuestra vida social y política, raíz muy importante de su crisis, es el olvido de la fraternidad, que se expresa sobre todo en el olvido de los pobres. La atención a los empobrecidos, excluidos, descartados…, es lo único que puede cambiar en sentido humano las instituciones y los comportamientos políticos de las personas.
Las virtudes sociales que pueden humanizar la política, porque son las que hacen posible una vida entregada, lo que nos humaniza es compartir la vida de los otros, caminar juntos.

     La cultura política del diálogo, una nueva ética política que nos permita caminar juntos para buscar respuestas reales a los problemas y necesidades sociales. Un diálogo no para buscar la uniformidad, que siempre es estéril, sino para caminar juntos desde la enriquecedora diversidad. Diálogo que necesita de la humildad del reconocimiento y acogida del otro, de la escucha y del silencio que la hace posible, porque el actual caos político vive del ruido que no deja escuchar a los otros y, sobre todo, no nos deja escuchar el clamor de los pobres. Como señala Francisco, «una cultura que privilegie el diálogo como forma de encuentro, la búsqueda de consensos y acuerdos, pero sin separarla de la preocupación por una sociedad justa y sin excluidos» (Evangelii gaudium, 239).




Juan Carrión Romero
Militante de la Hoac de Granada
Publicado en Ideal de Granada ( 27/01/19)

martes, diciembre 18, 2018

Con trabajo digno no hay pobreza


Nuestra opinión en papel



   Vivimos profundas transformaciones que están afectando a la forma de entender y organizar el trabajo. Hemos pasado del trabajo fijo y de calidad a un trabajo caracterizado por la precariedad, temporalidad, pérdida de derechos laborales y segmentación del mundo obrero. Crece como fenómeno nuevo el número de trabajadores pobres y sin techo. Nuestra sociedad es más pobre y desigual y la calidad de vida de la mayoría de la población se ha reducido por la bajada de salarios, el alto nivel de desempleo, la precariedad del empleo y los recortes sociales.

    A los pobres se les responsabiliza y culpabiliza de su situación por no esforzarse para salir o adaptarse a ella. Así parece que la injusticia no existe y las salidas se buscan individual y no colectivamente. Este planteamiento culpabilizador y de indiferencia justifica lo que está ocurriendo con millones de trabajadores expulsados del mercado de trabajo y con las personas que huyen de sus países por hambre o guerra buscando una vida más digna.

    El capitalismo ha triunfado al poner en el centro de la vida social a la economía, al dinero, subordinando todo lo demás a las necesidades de su funcionamiento: el trabajo, la familia y la persona. Desde esta concepción economicista la persona es convertida en un instrumento más de la producción. Cuando el trabajo está al servicio de la rentabilidad económica y no de la persona y sus necesidades, se abren las puertas a la “exclusión” a la “cultura del descarte de personas”. Por eso el Papa Francisco no para de denunciar que “este sistema mata”, porque el trabajo es una capacidad del ser humano y por ello inseparable de quien trabaja. Al convertir en objeto a quien debe ser sujeto se provoca la ruptura del ser humano y se profana su dignidad.

    El trabajo es la clave imprescindible de la humanización y de la integración de todo. Para la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) esta transformación tiene una dimensión antropológica fundamental porque va diluyendo nuestra humanidad, dificulta la vida de millones de personas y la colaboración por la existencia y la vida de comunión, pasando el trabajo de ser un bien para la vida a ser un bien para la producción, convirtiéndolo en instrumento de confrontación y competitividad.

    El principal reto que tenemos es reconstruir al ser humano, recuperar el sentido de su existencia, del trabajo humano, de las relaciones sociales, de la moral y de la ética para que el “bien estar” se sustituya por el “bien ser”. Necesitamos:

  • Entender de otra manera nuestra humanidad incorporando la misericordia y la confianza en el ser humano que el sistema capitalista ha eliminado. Necesitamos personas con la mano tendida, la palabra dispuesta y el oído abierto.
  • Ayudar a redescubrir la dignidad inviolable de cada persona humana. Es la tarea central y unificante del servicio que la Iglesia y los laicos debemos prestar a la familia humana, haciendo realidad el sueño de Dios: que todos los seres humanos vivan en plenitud.
  • Construir una nueva mentalidad y cultura del trabajo decente luchando por el reconocimiento de los derechos laborales y sociales, defendiendo el trabajo digno para todos.
  • Colaborar al cambio de las instituciones para que las administraciones, organizaciones sindicales y políticas pongan en el centro de sus acciones y políticas las necesidades de los empobrecidos, empoderándolos y restituyéndoles su dignidad.
  • Finalmente, fomentar el consumo responsable y respetuoso con el medio ambiente, sancionando mediante leyes y opciones de consumo las prácticas y empresas que buscando su enriquecimiento, atenten contra el bien común.


Maria José Rodríguez Moreno
Militante de la Hoac de Granada
Publicado en Ideal de Granada ( 19/12/18)

viernes, noviembre 16, 2018

REFLEXIÓN Y PREGUNTAS ANTE LAS ELECCIONES ANDALUZAS


Nuestra opinión en papel



Seguimos inmersos en una realidad de empobrecimiento y desigualdad social que, lejos de desaparecer, sigue estando presente en todos los ámbitos. Seguimos manteniendo niveles de paro, precariedad, exclusión y falta de derechos sociales similares a los momentos más duros de estos últimos años. La crisis ha conseguido profundizar las desigualdades y condenar a la exclusión a personas y familias cuyas rentas han disminuido hasta desaparecer. Además la falta de participación en los problemas de nuestros vecinos, de nuestros compañeros y de implicación en la defensa y exigencia de nuestros derechos, ha restado democracia real a la ciudadanía. Estamos inmersos en una economía y en una cultura del descarte (EG 53), como afirma el papa Francisco. Ésta es la constatación de los militantes de la HOAC desde nuestros pueblos y barrios de Andalucía. Podíamos poner cientos de hechos de esta realidad tan desoladora para los pobres.

Esta situación nos lleva a la necesidad ineludible de la participación de todos y todas en la búsqueda del bien común, en la toma de decisiones, en el cambio de políticas y de proyecto social, económico y cultural buscando otro mundo que nos permita convivir desde otras claves y donde la persona, especialmente los más pobres, estén en el centro de la preocupación de las instituciones.

Como Iglesia en el Mundo Obrero, movidos por el Evangelio de Jesús y la Doctrina Social de la Iglesia, la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) pretendemos sencillamente hacer algunas preguntas ante las próximas elecciones. Como dice el Papa en “Laudato si”: “Sabemos que las cosas pueden cambiar” (13) y por eso: “Lo que está ocurriendo nos pone ante la urgencia de avanzar en una valiente revolución cultural” (114).

Decimos, con el Papa Francisco, “NO a una economía de la exclusión y la inequidad. Esa economía mata… Como consecuencia grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas, sin trabajo, sin horizontes, sin salida” (LS 53). “Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema” (EG 202).

Desde esta perspectiva tan evangélica y actual, hagámonos algunas preguntas ante las distintas propuestas de los partidos para las elecciones:

  1. ¿Priorizan necesidades vitales de las personas y las familias y la creación de empleo decente por encima de otros intereses?
  2. ¿Proponen y aplican leyes laborales que favorezcan el respeto a la dignidad del trabajo y la dignidad de la persona? ¿Combaten los accidentes y enfermedades del trabajo? ¿Van a luchar contra la precariedad laboral, el paro y la exclusión teniendo en cuenta la realidad de los 93 barrios ignorados de Andalucía?
  3. ¿Promueven sus programas un tejido empresarial y productivo al servicio de la sociedad y sus necesidades reales?
  4. ¿Priorizan el gasto público y una fiscalidad justa para mantener servicios dignos en salud, educación, vivienda, dependencia, servicios sociales? ¿Hay en la práctica un apoyo a las familias especialmente las más desfavorecidas? ¿Pagarán más impuestos las rentas más altas para contribuir al bien común?
  5. ¿Dan vida a una producción y una economía que cuide el bien común, el medio ambiente y la paz favoreciendo un consumo más humano y justo?
  6. ¿Trabajan para que las instituciones andaluzas sean transparentes, estén al servicio de todos los ciudadanos, favorezcan la participación de todas y todos en sus decisiones y métodos para hacer en la práctica una democracia más auténtica?

Finalmente, preguntémonos: ¿De qué programa político están más cerca los parados, los sin techo, los emigrantes, los trabajadores precarios, los desahuciados de sus viviendas, los pensionistas…?


Maria Dolores Megina Navallo
Presidenta de la HOAC de Andalucía
Publicado en Ideal de Granada ( 16/11/18)
y reproducido en www.hoac.es


martes, julio 17, 2018

La capacidad transformadora de lo cotidano


Nuestra opinión en papel



¿Cuántas veces nos hemos preguntado cómo es posible que a pesar de las luchas, de las manifestaciones, de las horas y de los esfuerzos dedicados a fondo perdido en el sindicato, en el partido, en la asociación, pareciera que nada cambia? ¿Cómo es posible que el empeño desarrollado durante años por mucha gente buena y sacrificada da la impresión de que poco incide en el cambio de las estructuras, empresas, instituciones, … que por el contrario continúan en sus trece, al servicio de los grandes intereses, descartando cada vez a más personas?

Muchas son las razones que se pueden aducir para tratar de explicar estas apreciaciones, sin embargo yo quisiera fijarme en una concreta de ellas: ¿no será que lo que construimos “a plena luz del día” con voluntad, esfuerzo y conciencia lo deshacemos “por la noche” con nuestros propios hábitos cuasi inconscientes, económicos y sociales? Es decir, ¿no será que en el fondo nos falta coherencia militante entre lo que defendemos públicamente y que luego hacemos en el ámbito privado? y como consecuencia ¿no terminamos haciendo el mal que aborrecemos en lugar del bien que anhelamos? (Rom.7,19)

¡Cuánto daño hacen estas pequeñas incoherencias nuestras, en lo cotidiano de nuestras vidas de personas normales y corrientes! No caemos en la cuenta del enorme potencial transformador que la agregación de millones de insignificantes decisiones económicas y sociales termina provocando. Por ello la Iglesia nos recuerda que “es bueno que las personas se den cuenta de que comprar es siempre un acto moral, y no sólo económico.” (Caritas in veritate,66), y que “Las mismas reflexiones deben hacerse en relación a la gestión de los propios ahorros, dirigiéndolos, por ejemplo, hacia aquellas empresas que operan con criterios claros, inspirados en una ética respetuosa del hombre entero y de todos los hombres y en un horizonte de responsabilidad social” (Documento del Vaticano Oeconomicae et pecuniariae quaestiones,33)

Si la coherencia es fundamental en todas las facetas de nuestra vida, lograr que esta también abarque el universo de nuestras pequeñas decisiones económicas, es hoy, más que nunca, la verdadera prueba de que vamos en serio en nuestro empeño por construir una realidad más humana. A esta tarea estamos todos invitados y como militantes de HOAC especialmente llamados a reflexionar “… ahora sobre lo que tenemos y sobre nuestro consumo, qué uso hacemos de nuestros bienes, hacia qué o quién van dirigidos, qué o quién se beneficia de lo que vamos adquiriendo. Reflexionemos también sobre nuestro ahorro. Lo que comemos, lo que llevamos puesto, lo que conducimos, nuestro banco, la energía que consumimos, a qué dedicamos nuestro tiempo... todo refleja las opciones que hemos ido tomando en nuestra vida.” (La comunión de bienes con el mundo obrero empobrecido, Noticias Obreras, nov. 2017)

Para construir comunión hemos de alinear nuestros hábitos económicos con nuestras ideas y cuando así lo hacemos influimos decisivamente en dos direcciones importantísimas para hacer verdad lo que pretendemos. Por un lado, estamos apoyando proyectos y empresas verdaderamente transformadoras que podemos encontrar hoy en casi todos los ámbitos. Pero además, estamos lanzando un mensaje a la “economía convencional” que sin duda va a captar y que más tarde o más temprano le hará cambiar en su empeño de que estos trasvases de demanda no terminen impactando significativamente en sus cuentas de resultados.

Miguel Salinas Donaire
Militante de la Hoac de Granada
Publicado en Ideal de Granada ( 11/07/18)
y reproducido en www.hoac.es


martes, mayo 29, 2018

TÚ PUEDES HACERLO POSIBLE

Nuestra opinión en papel



Vivimos en la sociedad del bienestar. Desde el gobierno se repite machaconamente que estamos saliendo de esa crisis que ha destrozado a miles de personas y familias. Por el contrario, los sindicatos y partidos de la oposición insisten en que la riqueza no llega a las familias, ni a los trabajadores. Cáritas e Intermon Oxfam nos advierten que la desigualdad crece en los últimos años, acumulándose la riqueza cada vez en menos manos, mientras la pobreza se va generalizando (tanto a nivel nacional como internacional), y hoy se puede ser trabajador y ser pobre o sin techo.

Como nos recordaba S Juan Pablo II en L.E, 2: “El trabajo, en cuanto problema del hombre, ocupa el centro mismo de la «cuestión social”, dicho de otra manera, “la cuestión social se ha convertido en una cuestión antropológica” al reducir a la persona trabajadora a un instrumento o mercancía más. Es lo que el Papa Francisco llama “una economía y una cultura del descarte (EG 63), que prescinde de muchas personas, trabajadores, porque no los necesita, no son rentables, o los usa y los tira como si fueran artículos descartables (¿No ha ocurrido esto con muchos inmigrantes y trabajadores?).

El economicismo se ha adueñado de la vida social y económica y se ha convertido en cultura, desplazando del centro de la vida al ser humano y poniendo en su lugar la rentabilidad económica, el dinero (EG 55). Esto se concreta en la vida cotidiana, en la búsqueda del bienestar individual, entendido como acaparar indefinidamente bienes y servicios despreocupándonos de lo que pasa a nuestro alrededor. Es una economía que descarta lo humano, produce empobrecidos, deshumanización y devora la naturaleza entera sin importarle la preservación. El modelo social y cultural en el que vivimos genera relaciones sociales injustas, empobrecidos y un tipo de persona alejada de lo que es más propio de su humanidad. Devastación social y humana que dificulta la construcción de relaciones sociales justas, deforma el sentido de nuestra existencia, devalúa la sagrada dignidad del ser humano y sus actividades: trabajo, economía, política etc.

Ante esta realidad no basta solo con reivindicar el trabajo decente, sino que debemos reconstruir al propio ser humano, porque está herido de muerte. Hay muchas personas y colectivos, creyentes o no, comprometidos en esta tarea. En la HOAC también, proponemos medidas que están al alcance de cualquier persona y animamos a que tú también lo hagas posible:

1. Acompañar la vida de las personas (compañeros, familiares, vecinos…). Esto solo será posible si conocemos lo que les ocurre, si estamos junto a ellas, si compartimos sus preocupaciones, sufrimientos, anhelos y esperanzas, los bienes, el tiempo y el saber.
El paro y la precariedad hunde a las personas hasta anularlas. Ayudarles a recuperar su dignidad y capacidades, es hacerlas dueñas de su vida y a nosotros nos posibilita avanzar en un proceso de humanización fraternal.

2. Colaborar al cambio de mentalidad: soñar en el mundo que nos gustaría es el primer paso hacia lo imposible de hoy que… mañana será realidad. De este sueño nació el movimiento obrero que logró impulsar la solidaridad y las mejoras de vida y trabajo para todos. Fomentar el tejido social, la solidaridad y el protagonismo de las personas frente al individualismo nos hace más humanos.

3. Colaborar al cambio de las instituciones trabajando para que se fortalezcan las organizaciones (partidos, sindicatos, asociaciones) y para que pongan en el centro de su acción a la persona humana (especialmente a los más empobrecidos) y al bien común.

4. Invitar a experimentar y hacer visibles nuevas formas de vida más fraternales y solidarias que nos hacen más felices y humanos.





Mª José Rodríguez Moreno
Militante de la Hoac de Granada
Publicado en Ideal de Granada ( 25/05/18)


sábado, mayo 19, 2018

RECUPERAR LA CENTRALIDAD DE LO HUMANO

Nuestra opinión en papel



En su encíclica sobre el trabajo humano, san Juan Pablo II decía que el primer fundamento del valor del trabajo es la persona, su sujeto. Todo en el trabajo debe estar al servicio de que la persona pueda realizar su ser y vocación. Por eso, todo en la economía debe estar al servicio de la persona y su trabajo. Sin embargo, se ha producido una gran alteración del orden justo y humano, y el trabajo (la persona trabajadora) ha sido sometido a la rentabilidad. Por eso san Juan Pablo II insistió tanto en la necesidad de empeñarnos por el trabajo digno y por recuperar la dignidad del trabajo. Desde esa perspectiva valoró enormemente el movimiento obrero como «reacción contra la degradación de la persona como sujeto del trabajo» (LE 8).

El 1º de Mayo, como expresión de esa histórica aspiración del movimiento obrero de afirmar a la persona en un trabajo con sentido humano y, para ello, realizado en condiciones justas y dignas, pone hoy ante nosotros la importancia decisiva de no resignarnos, de ser capaces de soñar y desear otra realidad en el mundo obrero y del trabajo, y de empeñarnos en construirla con nuestra vida y acción. Porque la degradación de la persona como sujeto del trabajo es hoy terrible.

Como denunciamos desde la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente en el manifiesto con motivo del 1º de Mayo, lo que se denomina «recuperación económica» se está construyendo degradando aún más el trabajo humano. Esa degradación lo que sitúa a muchas personas y familias en una gran vulnerabilidad y exclusión social. Hay que sumar esfuerzos por un trabajo decente. Y ello pasa por cambiar de raíz la lógica inhumana que hoy nos domina. El trabajo digno y la dignidad del trabajo no son posibles si, como ocurre ahora, se consideran el trabajo y la vida de los trabajadores como derivados de la economía que deben adaptarse a las exigencias de la rentabilidad. Se trata, al contrario, de cuidar a la persona para hacer posible una economía al servicio de todos y de un trabajo digno y con sentido humano.

Desde esa misma perspectiva, la HOAC ofrecemos, en torno a la celebración del Día de la HOAC, un conjunto de propuestas concretas para dar centralidad a lo humano, desde la implicación de todos y todas, en la vida cotidiana del mundo obrero y del trabajo. Porque entendemos que la cuestión social se ha convertido radicalmente en una cuestión antropológica (Benedicto XVI) porque las personas del mundo obrero y del trabajo hemos sido reducidas a instrumentos. Es el predominio de lo que el Papa Francisco llama una economía y una cultura del «descarte»: se descartan personas porque se ha expulsado a la persona del centro de la preocupación y decisiones de la vida económica, y en su lugar se ha puesto la «idolatría del dinero», la rentabilidad, y el bienestar individual entendido como acaparar bienes y dinero. Eso es lo que genera empobrecidos y un tipo de persona alejada de lo que es más propio de su humanidad, provocando una enorme devastación social y humana. Por eso, la lucha por el trabajo decente no puede limitarse solo a un proyecto reivindicativo de mejora de las condiciones de trabajo; precisa, además y de forma decisiva, de una reconstrucción del ser humano, del sentido de su existencia y del trabajo humano, de las relaciones sociales y humanas, de la moral y la ética necesarias para que el bien ser sustituya al bien estar como proyecto de realización humana, de la política, del sindicalismo, la economía y la empresa.



Gonzalo Ruiz Ruiz
Militante de la Hoac de Granada y Presidente de la Hoac General
Publicado en Ideal de Granada ( 08/05/18)


lunes, marzo 05, 2018

RENTAS BÁSICAS Y TRABAJO

Nuestra opinión en papel



   En una valoración de las propuestas sobre rentas básicas, el economista Enrique Lluch Frechina concluye: «El análisis desde la Doctrina Social de la Iglesia nos lleva a ver que los esquemas de rentas no condicionadas pueden ser un buen instrumento para priorizar a los más desfavorecidos y lograr que todos tengan al menos lo suficiente. Para ello es necesario que, a partir de los principios del bien común, del destino universal de los bienes y de la exigencia de justicia social, la prioridad económica deje de ser tener más para pasar a ser que todos tengan al menos lo suficiente». En la HOAC compartimos este planteamiento.

   Entendemos que es necesario y urgente modificar el objetivo social. Lo prioritario debe ser que todos dispongan de lo suficiente para vivir dignamente. Hay que pasar de políticas que lo fían todo al crecimiento económico a otras que se centren en dos objetivos que no deberíamos separar: por una parte, políticas dirigidas a garantizar ingresos mínimos para todos; y, por otro, políticas dirigidas a ofrecer, a todas las personas con capacidad de hacerlo, la posibilidad real y efectiva de colaborar con su trabajo a la construcción de la vida social. En ocasiones podrá ser a través del empleo, del trabajo remunerado, en otras lo será a través de trabajos no remunerados pero necesarios para la vida familiar y social; trabajos que necesitamos crecer en reconocer y valorar como tales.

   Se trata de dos necesidades básicas de las personas, las familias y la sociedad. Las personas necesitan unos ingresos mínimos para vivir, pero también trabajar, poder aportar sus capacidades a los demás y a la vida social. Son condiciones básicas para desarrollar nuestra humanidad. Las familias necesitan unos bienes básicos para desarrollarse como tales y necesitan cuidar la vida con el trabajo. La sociedad necesita incluir a todos y contar con la aportación de todos. Son dos necesidades exigidas por el bien común y la justicia social. Una distribución mucho más justa de la riqueza social, sin excluidos, y el desarrollo de nuestras capacidades a través del trabajo, se necesitan mutuamente.

   Este cambio de objetivo social es necesario para el presente y el futuro humano de nuestra sociedad. Porque la situación que vivimos no es algo coyuntural, sino un componente estructural de un modelo económico, social y laboral que genera cada vez más desigualdades. Un modelo que está haciendo crónica la pobreza y la exclusión, en el que el empleo que genera el crecimiento económico es insuficiente y extremadamente precario en muchos casos, de tal forma que crecen las personas con empleo en situación de pobreza, y el empleo ya no es para todos camino de integración social. Garantizar unos ingresos mínimos es, además, un medio importante para caminar hacia un trabajo digno, porque con frecuencia se imponen condiciones indecentes de empleo aprovechando la extrema necesidad de las personas. Es necesario porque la primera responsabilidad de la sociedad, y en ella del Estado a su servicio, es atender las necesidades de las personas.

   La Iglesia, servidora de los pobres y de la dignidad de la persona por fidelidad al Evangelio, deberíamos poner todo nuestro empeño en colaborar a este necesario cambio de los objetivos sociales. Muy particularmente contribuyendo al imprescindible cambio de mentalidad que nos ayude a caminar en esa dirección, fundamental para una sociedad justa y fraterna


Carmelo Donado Campos
Presidente de la Hoac de Granada
Publicado en Ideal de Granada ( 04/03/18)


lunes, enero 29, 2018

GRANDEZA Y MISERIA DEL TRABAJO HUMANO

Nuestra opinión en papel



   Todos conocemos a gente que están bien en su trabajo: realizados personalmente, reconocidos y valorados, con salarios dignos y derechos encarando su futuro con esperanza y tranquilidad. Son la imagen que el sistema se encarga de hacer valer y pregonar a los cuatro vientos: “sólo nosotros (el capitalismo liberal) podemos garantizar la riqueza y abundancia para todos”.

Todos conocemos también a gente que no tienen empleo o lo tienen en “precario”, sin derechos, muchas horas de trabajo, poco sueldo, poco respeto y valoración del trabajo, sin futuro y esperanza (hay muchos detrás esperando esas migajas del sistema económico y jurídico, para los “descartados”).


La lógica economicista de la cultura capitalista neoliberal que respiramos impide vislumbrar la humanidad integrada, en paz con ella misma en el mundo del trabajo; y nos lleva al delirio de la productividad, del máximo beneficio, de la competitividad, de la lucha en esta selva del “sálvese quien pueda”, al individualismo insolidario. Son contravalores que ponen de manifiesto que solo la abundancia de recursos es inversamente proporcional a la humanidad en las relaciones laborales.


El trabajo tiene una importancia decisiva en la vida de las personas: aumenta la autoestima, ayuda a la autorrealización, socializa y genera relaciones gratificantes de encuentro y convivencia con los otros, nos educa en el respeto y empatía para el trabajo en equipo, contribuye a hacer crecer la obra de todos; en definitiva, nos personaliza y socializa.



jueves, diciembre 28, 2017

NAVIDAD: EL OMNIPOTENTE SE HACE HUMANO

Nuestra opinión en papel



   En estas fechas conmemoramos el nacimiento de Jesús de Nazaret, fecha grande y sencilla para los cristianos. Dios omnipotente se encarna en un niño, se hace débil, pequeño, frágil; necesitado de ternura y amor, de calor y acogimiento, de cuidado y alimento de la madre, de nuestra misma naturaleza humana para… divinizarnos. Esto nos desconcierta y nos sorprende, nos desborda y nos asombra, desde el primer momento de su nacimiento: Lo acostó en el pesebre porque no había sitio para ellos en la posada (Lc 2, 1-14) 

Nació en el seno de una familia trabajadora pobre, en un pueblo marginado: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Replicó Natanael a Felipe (Jn 1, 46). Pablo a la comunidad de Filipos les escribe: Jesús siendo de condición divina, no se aferró a su categoría de Dios, al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, haciéndose uno de tantos (Flp 2,6-7)


La Navidad es celebrar este gran acontecimiento de abajamiento, de gozo, de alegría, de seguridad del Dios de la vida y la fraternidad; es recordarnos el gran legado universal de amor incondicional y sin límites que nos propone Jesús y que nos hace a todos humanos.


Navidad no es el consumo desenfrenado del que se encargan las campañas publicitarias de las grandes empresas y nos lo transmiten desde los distintos medios de comunicación a partir de fechas cada vez más tempranas. No toda la ciudadanía va a poder consumir por igual. De ahí los siguientes hechos y testimonios: María, con 800 € no puede tirar campanas al vuelo; otra vecina con 367 € de pensión no contributiva no puede hacer grandes compras; otros vecinos han tenido que dejar la vivienda y volver a vivir con sus padres, pues con 426 € no pueden permitirse pagar la hipoteca y el resto de necesidades básicas. Y no digamos nada de las 17 familias que pierden diariamente su vivienda (INE), ni del 30% de los niños que están en riesgo de pobreza y exclusión social, ni de las personas que huyen del hambre, de la miseria o las guerras. Según Intermón Oxfam, los señores del Ibex 35, cobran 207 veces más que el empleado que menos cobra de su propia empresa. 


Todos estas situaciones son despreciables, porque destruyen al ser humano y el ser humano está hecho para la acogida, la solidaridad y la fraternidad como demuestran estos hechos y testimonios de signo distinto: El joven que se va a los campamentos saharauis para acompañar a aquella gente; el vecino que lucha con “Stop Desahucios” en contra de que las familias sean desalojadas de sus casas; aquel otro que deja su vivienda para que sea habitada por una familia sin recursos; los voluntarios que acuden a acoger a los inmigrantes que llegan en pateras…


Seamos sinceros y dejemos al hombre viejo del consumismo y convirtámonos al hombre nuevo de la acogida y fraternidad (Ef 4, 22-24) combatiendo todo lo que destruye al ser humano y construyendo el Reino de paz contra la violencia, de justicia para el pobre, de liberación para el oprimido, de defensa de los derechos de los débiles (Lc 6, 32-35). Si hacemos esto, estaremos celebrando siempre la Navidad.


La felicitación de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) para esta Navidad recoge una frase de nuestro primer militante Guillermo Rovirosa, refiriéndose lógicamente al nacimiento de Jesús, en la que dice: En un lugar escondido, donde nadie podía pensar, sin bombo ni platillos, ante la indiferencia universal…y aparece la foto de un niño sucio y abandonado en una caja de cartón.



Virginia Pinilla Moreno
Militante de la Hoac de Granada
Publicado en Ideal de Granada ( 27/12/17)


miércoles, noviembre 15, 2017

A MÁS TECNOLOGÍA, MÁS DERECHO A UNA RENTA BÁSICA

Nuestra opinión en papel



   Cuando Dios crea al hombre, lo pone en el jardín de Edén y le confía el cuidado de la tierra. Así lo dice el libro del Génesis (c. 2, ver. 15): “Tomó, pues Yahveh Dios al hombre y le dejó en el jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase”.

Dios pone la tierra en las manos y al cuidado del hombre. El hombre deberá respetarla, cuidarla y ponerla al servicio de la Humanidad entera, con su trabajo y su inteligencia.

De estos presupuestos se deduce que el trabajo, que el hombre realiza para cuidar de la tierra y que ésta alimente a los hombres, encierra una gran dignidad, porque proviene de la persona, que posee gran dignidad por proceder de Dios y porque su finalidad es cuidar, proteger y alimentar a los hombres.

Por ello, con toda razón el Papa Francisco en su carta encíclica sobre la ecología dice: “Estamos llamados al trabajo desde nuestra creación…El trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal” (Laudato Si, n.128)

El trabajo es una necesidad, nos dice el Papa, y con razón, pues el hombre ha venido a este mundo para realizarse como persona y para colaborar al desarrollo y bienestar común. Y eso se consigue mediante el trabajo, que es camino necesario de maduración y de realización personal.

Pero desgraciadamente el mercantilismo se va extendiendo cada día más y se va apoderando de todas las realidades de la vida humana. Va convirtiendo en mercancía todo lo que toca; se compra y se vende todo; se compra lo más barato posible y se vende lo más caro posible.

Y el trabajo no se ha librado de este mercadeo, y también se ha convertido en mercancía, que se trata de pagar lo más barato que se pueda. Ha perdido su dignidad; se ha convertido , en muchos casos, en un mercadeo indigno y humillante, que en lugar de ayudar a que la persona madure y se realice, ayuda por el contrario a que la persona se arrastre indignamente ante el poder omnímodo del dinero. Se ha deshumanizado al convertirse en vehículo de esclavizar a la persona; pues ésta ni recibe un salario justo, ni puede compatibilizar su vida laboral con su vida en los demás aspectos de la persona: vida familiar, social, etcétera…

El paro, con todo lo que conlleva, es una amenaza permanente que humilla a la persona y la empuja a arrastrarse.
Y de seguir esto así, cada vez habrá más paro, pues el progreso de la tecnología va creando cada vez más maquinarias, que van quitando puestos de trabajo a los hombres. Ya lo advierte el Papa en la encíclica antes citada: “No debe buscarse que el progreso tecnológico reemplace cada vez más al trabajo humano, con lo cual la Humanidad se dañaría a sí misma”.

Ante este serio problema no debemos quedarnos con los brazos cruzados, pues así la situación se empeorará más. Debemos hablar de esto, suscitar preocupación, animar a que la gente se levante y vaya extendiéndose la conciencia de que cuanto más avance la tecnología, menos puestos de trabajo habrá para los ciudadanos y más beneficios para las empresas.

Y entonces algo habrá que hacer para que la sociedad no estalle. Y lo que habrá que hacer será proporcionar a cada persona una renta básica, para que pueda vivir con dignidad y desarrollarse según sus cualidades

Para llegar a eso será necesario haber creado una conciencia común en ese sentido, pues habrá nacido una nueva Humanidad y una nueva Era Histórica.





Ignacio Peláez Pizarro
Consiliario Diocesano Hoac de Granada
Publicado en Ideal de Granada ( 12/11/17)

lunes, abril 10, 2017

LOS DON NADIE EN LA CRUZ

Nuestra opinión en papel



   En los próximos días celebraremos la Semana Santa. Serán muchos los pasos que saldrán a la calle con el Cristo crucificado y, sin duda, miles y miles de personas en las calles aplaudirán al son de la música. En este contexto creo que no viene mal hacer una breve reflexión sobre su significado más profundo. El Cristo crucificado es el ejemplo de una vida entregada y de una muerte inducida y organizada por los poderosos de su tiempo. Hoy sigue habiendo crucificados, son los don nadie, que vemos muchas veces por las calles y plazas de nuestras ciudades y pueblos.

    Me refiero a esas personas que, por vivir en determinadas zonas del planeta, están condenados a morir ante los desastres naturales, fruto de la manipulación originada por los grandes de este mundo o por políticos corruptos. Son las víctimas de la guerra, del hambre: los refugiados políticos, que deambulan o malviven por los distintos países mientras que se les cierran las fronteras. Son los que mueren en nuestras costas buscando un mundo donde poder vivir con dignidad y en paz. Mientras miramos el trono del Cristo en las calles recordemos el texto del Éxodo “No maltratarás al forastero, ni le oprimirás pues forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto” (22, 20).

    Son también don nadie, aquellos trabajadores sometidos a horarios abusivos, que no disponen de tiempo para la vida familiar o social, convertidos en esclavos del trabajo. El papa Francisco dirá que “no se puede definir justa a una sociedad en la que tantos no logran encontrar una ocupación y tantos están obligados a trabajar como esclavos” (Homilía de 10.5.2013). También están entre los don nadie los parados de larga duración, que forman parte de la lista de excluidos de nuestra sociedad o los que teniendo trabajo, en muchos casos precarios, continúan siendo pobres (fenómeno nuevo en nuestra sociedad) o los sin techo que, a pesar de tener en algunos casos trabajo, no tienen vivienda donde cobijarse o los que llaman ilegales, que, al no tener trabajo, tampoco tienen derecho a regular su situación o las mujeres que viven solas o han de sacar a su familia adelante porque no hay más ingreso familiar nada más que el suyo.

    Ellos son los crucificados de nuestro tiempo. No basta con que miremos la cruz. Si queremos vivir una verdadera Semana Santa, abramos bien los ojos y veamos en la cruz de Cristo a tantos crucificados cercanos y lejanos e intentemos calmar su dolor, su sufrimiento y las causas que originan estas situaciones. Como personas estamos llamados a vivir con profunda humanidad y acompañar a que otros también puedan hacerlo. Como cristianos vemos en el Cristo crucificado el rostro de todos los don nadie. Jesús nos invita a cargar esa cruz, y a trabajar junto a ellos para construir su Reino. Un Reino de justicia y de paz, que nos llama a que seamos hermanos y vivamos en comunión.

   Por último, recordemos que el Cristo crucificado ha resucitado y esa es la señal que anuncia que el bien ha vencido al mal. El papa Francisco nos dice: “Su resurrección no es algo del pasado; entraña una fuerza de vida que ha penetrado el mundo. Donde parece que todo ha muerto, por todas partes vuelven a aparecer los brotes de la resurrección. Es una fuerza imparable…Habrá muchas cosas negras, pero el bien siempre tiende a brotar y a difundirse (EG 276).




Trinidad Rodríguez Moreno
Militante Hoac de Granada
Publicado en Ideal de Granada ( 7/4/17)

miércoles, marzo 15, 2017

Dignidad en el trabajo: humanizarnos humanizando

Nuestra opinión en papel



   En la vida de las personas y en la propia sociedad juega un gran papel el trabajo que está enraizado con todo lo que rodea la vida cotidiana. En la actualidad, el trabajo ha pasado de ser un bien para la vida a ser un bien para la producción, provocando una inversión de los papeles establecidos. Anteriormente, el trabajo solía ser una herramienta para la vida del hombre, ahora es el hombre el que se ha transformado en una triste herramienta en manos de una economía capitalista y mercantil. El hombre se ha transformado en “la llave inglesa” de la sociedad consumista. 

    Hemos olvidado que la persona es el centro de todo y la medida de la dignidad del trabajo. No es ella la que tiene que adaptarse o subordinarse al trabajo, es el trabajo el que debe amoldarse al ser humano. La persona no puede convertirse en un puro instrumento de la incansable cadena productiva. Debe ser respetada teniendo en cuenta todas sus dimensiones, porque siendo el trabajo “la clave esencial” de toda cuestión social, condiciona el desarrollo no solo económico, sino también cultural y moral, de las personas, de la sociedad y de todo el género humano.


    El Papa Francisco insiste constantemente en la importancia decisiva de la dignidad del trabajo y del trabajo digno para la realización de la dignidad humana, la lucha contra la pobreza y la configuración de una sociedad que, con el trabajo de las personas, cuide la vida de todos y la casa común, realizando así la vocación humana (Laudato Si,128)


   Toda la actividad creadora del ser humano, su vocación, como expresión del amor que lo constituye y que se concreta en la realización de la justicia, no tiene otra finalidad que la construcción de sí mismo y de su felicidad. A este hacerse a sí mismo le llamamos “proyecto de humanización” que, como creyentes, lo definimos como el proceso mediante el cual el ser humano se descubre como hijo de Dios, creado a su imagen y semejanza, y se decide a vivir su vida con coherencia.


   Nosotros como HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), en nuestro proyecto de humanización, nos situamos ante esta realidad del mundo obrero y del trabajo. ¿Cómo lo hacemos?: acompañando la vida de las personas en sus ambientes, colaborando en un cambio de mentalidad, colaborando al cambio de las instituciones para que estén más al servicio de las personas y ayudando a construir y dar visibilidad a experiencias alternativas en la forma de ser y trabajar. Para humanizarnos nosotros tenemos que aprender primero a ser un poco más pobres para que los otros puedan por lo menos SER, sufrir con el otro, por los otros, pero ¿somos capaces de ello?. Hoy en día el ser humano tiene precio pero no valor, “te he elegido, no porque vales, sino porque te amo” (Dt. 4 y 7). Este es nuestro camino, el amor es la culminación de la justicia. La justicia da a cada uno lo suyo, pero el amor lleva a dar al otro de lo mío. 


   Si llevamos todo esto al mundo obrero y del trabajo y lo vivimos en nuestro quehacer diario estaremos realizando una buena labor. Como tarea estamos llamados humanizar humanizando. Dice Pedro Casaldáliga “humanicémonos siempre más, humanicemos siempre, practicando la proximidad”.





Antonio Escribano
Militante Hoac de Granada
Publicado en Ideal de Granada (15/3/17)

jueves, febrero 09, 2017

En torno al futuro del trabajo y de los desempleados.


Nuestra opinión en papel



Nos hemos acostumbrado a hablar de millones de parados (más de 12 millones en la Unión Europea) de los cuales, el 62% lleva más de dos años seguidos en paro. En España, la EPA de octubre del pasado año daba la cifra de 4.320.800 personas desempleadas.

La OIT, en su informe “Perspectivas sociales y del empleo en el mundo” dice que para 2019 serán 212 millones las personas desempleadas, frente a los 201 millones actuales.

Los datos parecen poner de manifiesto que cada vez son más los solicitantes que no consiguen acceder a un puesto de trabajo, lo que nos lleva a una situación nueva: “la existencia irreductible de una población compuesta por millones de personas que están fuera del trabajo, a pesar de las múltiples tentativas desplegadas en el nivel de las políticas de empleo y del tratamiento social de la desocupación, y a pesar también de las alternancias políticas” (Robert Castel)

Según Eurostat, cada año, una quinta parte de los Parados de Larga Duración (PLD) se desmoralizan tras infructuosos esfuerzos en busca de empleo, pasando a una situación de inactividad y no participación en programas de activación para el empleo. El problema fundamental con el PLD es que el hecho de estar desempleado, que debería ser una situación pasajera, pase a ser un estado permanente para millones de personas excluidas del trabajo.

Ante esta situación, la Iglesia defiende que el trabajo es una dimensión fundamental de la persona.

Siendo así, el trabajo, debe ser valorado por lo que aporta al trabajador en su proceso de humanización, en su proceso de construirse en coherencia con el ser que le ha sido dado. Ésta actividad creadora también tiene una importante dimensión social, porque además de procurarse el pan cotidiano, contribuye “al continuo progreso de las ciencias y de la técnica y, sobre todo, a la incesante elevación cultural y moral de la sociedad en la que vive en comunidad de hermanos” (Laborem Exercens 1).

Tomando la realidad actual, creemos necesario repensar el trabajo. No podemos permitir que tantas personas se vean privadas de la posibilidad de ejercer su vocación colaborando al desarrollo de la humanidad, mediante la creatividad y el don. Necesitamos avanzar hacia un trabajo que ayude a construir relaciones de comunión, ya que todo trabajo se hace con alguien y para alguien y en todo trabajo se establecen relaciones humanas, que pueden ser de colaboración o de conflicto. Relaciones mediadas por la voluntad y la libertad de la persona.

Para ello, vemos necesario: fomentar actitudes de austeridad que nos lleven a compartir la vida y la lucha de los sin trabajo. Comprender lo que significa hoy la justicia peleando por más trabajo y mejor trabajo. Recuperar el valor del trabajo más allá del empleo: Distribuir de manera justa y digna el empleo y reconocer socialmente todos los trabajos de cuidado necesarios para la vida humana. Generalizar la participación de los frutos del trabajo. Romper la actual lógica de pensar y organizar el trabajo poniendo en el centro a la persona, no la economía y los intereses de unos pocos. Y repensar la empresa, que genere trabajo respetando el tiempo personal, de descanso, familiar y espiritual.

Todos tenemos la obligación moral de cargar con los arrojados a las cunetas y de curar sus heridas. Y debemos luchar por un trabajo decente, “que, en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer…” (Caritas in Veritate. 63).


Carmen Castañeda Pérez
Militante Hoac de Granada
Publicado en Ideal de Granada ( 7/2/17)

domingo, noviembre 06, 2016

AHORA MÁS QUE NUNCA. EN NOVIEMBRE SE CUMPLE EL 70 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE LA HOAC


Nuestra opinión en papel



     Siete décadas, 70 años de vida eclesial encarnada en el mundo obrero y del trabajo. Porque si algo ha querido ser la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) es vida cristiana eclesial en medio de la realidad sufriente del mundo obrero y del trabajo. Como escribió Rovirosa, nuestro primer militante, “la lucha de la HOAC se encamina, en primer lugar, a que todo obrero recobre la conciencia de su dignidad de hombre y de obrero a la luz de Cristo”. “No se enciende la lámpara para taparla con un vasija de barro” (Mt 5,15). La HOAC (año 1946) no podía ser para recluirla en los escondites de las sacristías o en las cúpulas de los templos, ni para encerrarla en los espacios sagrados. Tampoco podía ser un aire tan, tan puro que rehuyera toda contaminación humana como si la confrontación con el mundo perjudicara sus intereses.

     Este proyecto, con ya setenta años de vida, era imposible que se aposentara en los torreones amurallados de los bien-pensantes del orden en medio de tanto desorden. Mucho menos era imaginable que este patrimonio de los pobres se lo apropiaran otros para realizar sus beneficencias. Por el contrario, “la lámpara se pone sobre el candelero para que alumbre a todos los que están en la casa” (Mt 5,15). Entonces y solo entonces, cuando el Evangelio baja a la calle, al obrero y al bullicio de la gente es cuando es lo que debe ser: luz. El Evangelio empieza a cumplir su misión en el mismo momento que toma posesión de lo que le pertenece por naturaleza: la intemperie de la vida. El mensaje entrelazado entre la vida y la muerte, la palabra derramada a lo ancho y a lo largo de las relaciones sociales y obreras, el militante bajado a las arenas movedizas del trabajo y de la lucha… era y es la HOAC.

     En la Diócesis de Granada está presente la HOAC casi desde sus comienzos. Nuestra presencia militante, apenas sin hacer ruido, como el grano de mostaza y la levadura del Evangelio, ha empapado y sigue empapando de dignidad evangélica la realidad, a veces tan difícil, del mundo obrero de muchos barrios y pueblos granadinos. Estuvimos y estamos, codo a codo, en las angustias, luchas y esperanzas de nuestros compañeros y compañeras de trabajo.

     Nuestra gratitud quiere mirar al presente y al futuro y transformarse en respuesta decidida y reafirmada de continuidad con ese servicio y esa vida encarnada. “Ahora más que nunca” es el lema que Rovirosa adoptó en unos momentos difíciles y de profunda experiencia de la propia debilidad, poniendo toda su confianza en Dios.

     Hoy el mundo obrero y del trabajo cercano y lejano sufre una situación difícil, con tantas personas y familias privadas de trabajo digno, despojadas de sus derechos más básicos y que no pueden vivir y ser con la debida dignidad. La idolatría del dinero devora personas y demuele la dignidad del trabajo. Hoy más que nunca es fundamental el empeño por afirmar la dignidad del trabajo y luchar por el trabajo digno. Ahora más que nunca el mundo obrero y del trabajo, y por extensión el conjunto de nuestra sociedad, necesitan de la pastoral obrera de toda la Iglesia, a cuyo servicio quiere seguir entregándose la HOAC desde su identidad de Acción Católica.




Antonio Hernández Carrillo
Consiliario Hoac de Andalucia
Publicado en el Ideal de Granada 6/11/16


sábado, junio 25, 2016

TRABAJO Y DESCANSO


Nuestra opinión en papel
Rafael Martínez Martínez


Ya huele a verano, se acercan las vacaciones. Se vuelve a escuchar en la calle: “Yo quiero el trabajo de un cura, el sueldo de un ministro, y las vacaciones de un maestro”.

El “dicho” encierra, sin duda, el deseo de algunos derechos intrínsecos de cualquier actividad laboral. Todas las personas necesitamos un trabajo que nos permita vivir dignamente y mantener a nuestra familia. También puede reconocer la importancia del trabajo para la propia realización, para el servicio de los demás. Y por supuesto, la necesidad del descanso y del tiempo de ocio, personal y comunitario.

El Papa Francisco en su discurso al personal del Instituto Nacional Italiano de la Seguridad Social (7-Nov-2015) dice: “Dios llamó al hombre al descanso y Él mismo quiso ser partícipe de este el séptimo día. Por lo tanto el descanso, en el lenguaje de la fe, es al mismo tiempo dimensión humana y divina… La exigencia de «santificar» el descanso—que se repite semanalmente el domingo— se une a la de un tiempo que permita ocuparse de la vida familiar, cultural, social y religiosa”.

Y es que, hacer realidad el derecho al descanso, ha sido uno de los grandes logros de la lucha del movimiento obrero que no podemos ni debemos olvidar. Y menos en estos tiempos, en que puede parecer más un privilegio de algunos que un derecho de todos y todas las trabajadoras.

sábado, mayo 28, 2016

Nuestra opinión en papel


"ECOLOGIA, TRABAJO Y VIDA"

El pasado 22 de abril 2016, en las Naciones Unidas, 175 países firmaron el “Acuerdo de Paris” sobre el cambio climático. Los gobiernos firmantes, para tratar de impedir el calentamiento global, se comprometen a poner en marcha políticas que apuntan en esta dirección. Las palabras más repetidas en este foro fueron: “futuro” y “esperanza”. Se apeló a la responsabilidad de todos para evitar la destrucción del planeta, para salvar, como dice la Iglesia, “la Casa Común” creada por Dios para la humanidad y para todas las especies vivas.

Según la Doctrina Social de la Iglesia el problema medioambiental es un “signo de los tiempos”, que ha de entenderse de modo integral desde la complejidad de los elementos sociales, políticos y económicos que lo conforman. El deterioro ecológico está relacionado con el tipo de desarrollo y progreso dominante, entendido como producción y consumo sin límites y generador de desigualdad social y de pobreza: en la forma en que se organiza el trabajo (donde muchos seres humanos son excluidos y explotados), en una cultura consumista, depredadora e insolidaria, sin freno para unos pocos (pero que condena a la miseria a millones de seres humanos) y en la falta de promoción de una conciencia ecológica humanista que defienda un crecimiento sostenible para el bien común. La crisis medioambiental es, por tanto, un problema integral y moral y exige de la responsabilidad de todos, asumiendo su complejidad, analizando sus causas y actuando en consecuencia.

La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), reflexionando estas cuestiones a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, afirmamos que la solución a la crisis medioambiental ha de considerar otros aspectos fundamentales para la vida:

jueves, abril 14, 2016

Las redes sociales “virtuales” y los movimientos sociales “reales”


 “Lo que nos hace vulnerables es el miedo, la inconsciencia es lo que nos ha arruinado, de nada sirve que me enseñes más noticias, darle al “Me gusta” no nos sirve, no cambiará las injusticias, ser valiente desde casa no nos servirá de nada.”
Jorge Martí (La Habitación Roja)

Las redes sociales “virtuales” y los movimientos sociales “reales”RAFA MARTÍNEZ. Desde hace días, hay una pregunta que me ronda: ¿Por qué, ante las diversas situaciones que estamos viviendo últimamente (desahucios, precariedad y explotación laboral, paro, corrupción…) , y en concreto, ante esta última y flagrante injusticia del acuerdo entre la Unión Europea y Turquia, no estamos haciendo nada? ¿Cómo es que ante la guerra de Siria y la situación inhumana que sufren miles de refugiados, la sociedad no se ha echado a la calle, a plantar cara a estas medidas injustas, que van en contra de los Derechos Humanos?

     Hace unos años, con la amenaza de una guerra injusta e ilegal encima, muchas personas participamos en unas movilizaciones sociales impresionantes por el “No a la guerra”. Ahí íbamos, codo con codo, personas con diferentes ideologías y credos,  que pensábamos que las cosas no iban por el buen camino, y que había que hacer algo para cambiar nuestra sociedad.

     Es verdad que la eficacia de esas movilizaciones no fue mucha, y los ataques se llevaron a cabo, hubo miles de víctimas, y las sigue habiendo;  y que los que pensaban enriquecerse y sacar beneficios, ahora son más ricos, aunque no creo que más felices.  Pero esos movimientos nos hicieron pensar que era posible, que la sociedad se estaba movilizando, que las cosas podían cambiar. Porque éramos capaces de confluir, de mirar hacia los objetivos comunes y de aportar cada uno desde su militancia.

     Después vino el 15M, y todo lo que supuso de esperanza y movilización. No se trata de hacer historia ni de entrar en detalles, y mucho menos de sentirnos nostálgicos.

     Pero, ¿por qué ahora no? ¿Todas aquellas personas que pensamos que otro mundo es posible, dónde estamos? Muchos seguimos siendo militantes en distintos movimientos y causas, pero no nos hacemos visibles ni somos capaces de aunar esfuerzos y voluntades.

     Una trampa concreta en la que hemos caído, son las redes sociales. No dudo de su utilidad para difundir noticias, ideas y opiniones. Está claro que son un instrumento necesario, en el que los movimientos sociales deben estar presentes. Pero el problema es que muchos nos conformamos con protestas virtuales o  firmar en páginas on-line. Le damos al “me gusta”, ahora incluso le podemos dar a “me enfada”, pero no pasamos de ahí. Difundimos  imágenes con mensajes que nos hacen reír o llorar, que muchas veces dan en el clavo o muestran ideas excelentes, pero de ahí no pasamos.

    Es necesario volver a tejer redes reales, que nos permitan salir de nuestro individualismo, ese que la ideología capitalista ha conseguido hacer cultura. Y para eso es necesario mirar menos la pantalla del ordenador, tablet o móvil, y mirar más a los ojos de las personas que nos encontramos en nuestro día a día.

     Recuperar juntos la esperanza de que las cosas pueden cambiar, porque se pueden hacer de otra manera. Se puede trabajar por la justicia, construyendo justicia en nuestras relaciones con los demás. Se puede trabajar por la solidaridad, viviéndola en nuestros ambientes, en el trabajo, en la familia. Pero es necesario salir a la calle, juntarnos con más gente a la que no le gusta lo que está pasando, sin perder la mirada global, pero trabajando localmente.  Es una tarea de todos y todas, grande y difícil, pero a la vez apasionante y en la que nos jugamos el futuro de la humanidad.

      En esa tarea, desde hace tiempo, estamos empeñadas las personas militantes de la HOAC. Intentando vivir y mostrar experiencias concretas que traigan otra forma de pensar, sentir y actuar, desde la comunidad, desde los principios que nos enseñó Jesús de Nazaret. Y, por supuesto, siempre al lado de todas aquellas personas que sufren y de todas aquellas personas que intenten hacer un mundo diferente, más humano.

     Porque, como dice el Papa Francisco en el mensaje en la 48 Jornada Mundial de Comunicaciones Sociales, no hay que tener miedo de hacerse ciudadanos del mundo digital; siempre “Que nuestra comunicación sea aceite perfumado para el dolor y vino bueno para la alegría. Que nuestra luminosidad no provenga de trucos o efectos especiales, sino de acercarnos, con amor y con ternura, a quien encontramos herido en el camino…. Una Iglesia que acompaña en el camino sabe ponerse en camino con todos.”