sábado, mayo 19, 2018

RECUPERAR LA CENTRALIDAD DE LO HUMANO

Nuestra opinión en papel



En su encíclica sobre el trabajo humano, san Juan Pablo II decía que el primer fundamento del valor del trabajo es la persona, su sujeto. Todo en el trabajo debe estar al servicio de que la persona pueda realizar su ser y vocación. Por eso, todo en la economía debe estar al servicio de la persona y su trabajo. Sin embargo, se ha producido una gran alteración del orden justo y humano, y el trabajo (la persona trabajadora) ha sido sometido a la rentabilidad. Por eso san Juan Pablo II insistió tanto en la necesidad de empeñarnos por el trabajo digno y por recuperar la dignidad del trabajo. Desde esa perspectiva valoró enormemente el movimiento obrero como «reacción contra la degradación de la persona como sujeto del trabajo» (LE 8).

El 1º de Mayo, como expresión de esa histórica aspiración del movimiento obrero de afirmar a la persona en un trabajo con sentido humano y, para ello, realizado en condiciones justas y dignas, pone hoy ante nosotros la importancia decisiva de no resignarnos, de ser capaces de soñar y desear otra realidad en el mundo obrero y del trabajo, y de empeñarnos en construirla con nuestra vida y acción. Porque la degradación de la persona como sujeto del trabajo es hoy terrible.

Como denunciamos desde la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente en el manifiesto con motivo del 1º de Mayo, lo que se denomina «recuperación económica» se está construyendo degradando aún más el trabajo humano. Esa degradación lo que sitúa a muchas personas y familias en una gran vulnerabilidad y exclusión social. Hay que sumar esfuerzos por un trabajo decente. Y ello pasa por cambiar de raíz la lógica inhumana que hoy nos domina. El trabajo digno y la dignidad del trabajo no son posibles si, como ocurre ahora, se consideran el trabajo y la vida de los trabajadores como derivados de la economía que deben adaptarse a las exigencias de la rentabilidad. Se trata, al contrario, de cuidar a la persona para hacer posible una economía al servicio de todos y de un trabajo digno y con sentido humano.

Desde esa misma perspectiva, la HOAC ofrecemos, en torno a la celebración del Día de la HOAC, un conjunto de propuestas concretas para dar centralidad a lo humano, desde la implicación de todos y todas, en la vida cotidiana del mundo obrero y del trabajo. Porque entendemos que la cuestión social se ha convertido radicalmente en una cuestión antropológica (Benedicto XVI) porque las personas del mundo obrero y del trabajo hemos sido reducidas a instrumentos. Es el predominio de lo que el Papa Francisco llama una economía y una cultura del «descarte»: se descartan personas porque se ha expulsado a la persona del centro de la preocupación y decisiones de la vida económica, y en su lugar se ha puesto la «idolatría del dinero», la rentabilidad, y el bienestar individual entendido como acaparar bienes y dinero. Eso es lo que genera empobrecidos y un tipo de persona alejada de lo que es más propio de su humanidad, provocando una enorme devastación social y humana. Por eso, la lucha por el trabajo decente no puede limitarse solo a un proyecto reivindicativo de mejora de las condiciones de trabajo; precisa, además y de forma decisiva, de una reconstrucción del ser humano, del sentido de su existencia y del trabajo humano, de las relaciones sociales y humanas, de la moral y la ética necesarias para que el bien ser sustituya al bien estar como proyecto de realización humana, de la política, del sindicalismo, la economía y la empresa.



Gonzalo Ruiz Ruiz
Militante de la Hoac de Granada y Presidente de la Hoac General
Publicado en Ideal de Granada ( 08/05/18)


miércoles, mayo 16, 2018

ORACIÓN Y TRABAJO: TE ESTÁ CANTANDO EL MARTILLO


 Evangelio en la calle.


Te está cantando el martillo,
y rueda en tu honor la rueda.
Puede que la luz no pueda
librar del humo su brillo.
¡Qué sudoroso y sencillo
te pones a mediodía,
Dios en la dura porfía
de estar sin pausa creando,
y verte necesitando
del hombre más cada día!

Quien diga que Dios ha muerto
que salga a la luz y vea
si el mundo es o no tarea
de un Dios que sigue despierto.
Ya no es su sitio el desierto
ni en la montaña se esconde;
decid, si preguntan dónde,
que Dios está -sin mortaja-
en donde un hombre trabaja
y un corazón le responde. Amén.


Al querer hablar del trabajo y la oración se han ido mi corazón y mi cabeza, casi sin darme cuenta, a este himno litúrgico tan tradicional y conocido de la Iglesia. Y me dije yo: Qué más y mejor que utilizar esta bella combinación poética, llena de fervor, ternura, teología del trabajo, melodía, imaginación, afán de lucha y todo.

Empieza por hacer alabar (cantar) a las mismas herramientas: el martillo, la rueda, su movimiento y el humo. A continuación mezcla con gracejo y soltura el trabajo de Dios y del hombre como si estuvieran en competencia (dura porfía) para hacer creadores a los dos, describiendo a Dios como necesitado del hombre. El sudor está repartido, entroncado, sudado por ambos. ¡Qué dignidad para Dios y para el hombre! Dios Creador y recreador en el ser humano.

¿Cómo se puede afirmar que Dios ha muerto? Él sigue vivo (despierto) en su tarea constructora. Pero, ¿dónde lo encontramos? No en la lejanía (desierto o montaña) sino que su Presencia luminosa ahora se manifiesta (está) en el trabajo de la mujer y del hombre. En ellos se encuentra el Dios Creador del cielo y tierra. Repito: en sus trabajos y corazones está Dios.

La conjunción y configuración poética trabajador-Dios, oración-actividad, cielo-tierra, belleza-esfuerzo hace que hasta el martillo, la rueda y el humo sean la luz del Señor.

¡El trabajo como Dios quiere es una grandiosa oración!


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Antonio Hernández-Carrillo
 "TU" número 186


domingo, abril 29, 2018

1 MAYO 2018: SUMANDO FUERZAS POR UN TRABAJO DECENTE




1º de Mayo. Primera celebración conjunta de organizaciones de Iglesia. Reclaman situar a la persona en el centro de la vida política y económica, conciliar vida laboral y familiar, y fortalecer el acceso a derechos sociales; y convocan diversas actividades públicas para promover el trabajo decente.

Con motivo del 1º de Mayo, las entidades promotoras de la iniciativa «Iglesia por el Trabajo Decente» (ITD), han difundido un manifiesto, en el que denuncian el «injusto marco laboral y social» actual de nuestro país y «la falta de trabajo decente para todas y todos en nuestra sociedad». Anuncian, a su vez, la convocatoria de Eucaristías «en acción de gracias por el don del trabajo humano y como signo de solidaridad con quienes sufren la deshumanización del trabajo».

Aseguran, además, que «el sistema configura una sociedad donde el trabajo no es un bien para la vida sino un instrumento al servicio del capital por encima de la persona» y donde «la deshumanización del trabajo sitúa a la persona en una peligrosa situación de vulnerabilidad y exclusión social».

Los datos socioeconómicos constatan esa denuncia. Un chequeo del estado del trabajo decente en España arroja las siguientes cifras:

■ Desempleo. 3.766.700 personas paradas (EPA 2017).
■ Calidad. Tasa de temporalidad: 26,7%. Tiempo parcial involuntario: 57,3% (EPA 2017).
■ Pobreza laboral. Afecta a casi 13 millones de personas. El porcentaje de trabajadores pobres de 18 a 24 años ha pasado del 7% en 2007 al 21% de 2014. (Informe de emancipación juvenil en España 2016).
■ Redes de protección. La tasa de cobertura de parados con prestaciones es del 56% (EPA 2017). Unas 4.716.000 pensiones, la mitad del total, están bajo el umbral de la pobreza, es decir, son inferiores a 684€ mensuales (Informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza, EAPN).
■ Salarios. El salario medio anual es, en el caso de las mujeres, 20.051,58 euros; el de los hombres, 25.992,76 euros (Encuesta Anual de Estructura Salarial Año 2015, INE, junio 2017).
■ Seguridad y salud laboral. Los accidentes en jornada de trabajo fueron 503.749 en 2017, un 4,9% más que el año anterior). De ellos fueron siniestros mortales 484 (+1,7%) (Avance estadístico del Ministerio de Empleo y Seguridad Social 2017).
■ Participación de los trabajadores. El 51,3% de los asalariados no tiene representante sindical en la empresa (Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo. 6ª EWCS – España 2015).
■ Descanso. El 22,4% de los ocupados trabaja más de 40 horas a la semana. El 33% trabaja en domingo, una o más veces al mes. El 24,6% tiene un horario que no se adapta a sus compromisos familiares y personales (Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo. 6ª EWCS – España 2015).

¿Qué historias se esconden detrás de estas cifras? El testimonio de Daniel, un trabajador de reparto a domicilio, es elocuente.

«Llevaba tiempo sin trabajo. Me fijé en los repartidores que veía con las bicis… Te das de alta en autónomo. Antes de empezar a trabajar tienes que pagarles 100€ de fianza por el material. Para la empresa no somos trabajadores sino “colaboradores”. Te asignan las horas de trabajo a la semana que les convenga, nunca lo sabes y nunca las que quieres trabajar. «El salario —prosigue Daniel— era de 8,50€ la hora para las motos y las bicis 8€, incluido el IVA. La media de horas que te dan a la semana eran unas 20. Hay que restar el IRPF, el gasto del autónomo y los gastos derivados de la bicicleta o de la moto… Al final, en neto se queda en 5€/hora, o incluso menos. Ahora, se pasa a cobrar por pedido: 4€ el pedido.

En su manifiesto, las entidades recuerdan lo señalado por los obispos españoles en el documento Iglesia, servidora de los pobres, donde se afirma que «la política económica debe estar al servicio del trabajo digno. Es imprescindible la colaboración de todos, especialmente de empresarios, sindicatos y políticos, para generar ese empleo digno y estable, y contribuir con él al desarrollo de las personas y de la sociedad. Es una destacada forma de caridad y justicia social».

Junto a la denuncia de la realidad, el manifiesto incluye varias reivindicaciones y propuestas, como que:

■ La persona se sitúe en el centro de la vida política, de las relaciones laborales y del trabajo.
■ La protección del derecho al trabajo decente posibilite un desarrollo integral de la persona, donde el trabajo sea generador de dignidad para la vida.
■ Igualdad de oportunidades y trato para todos los hombres y todas las mujeres.
■ El trabajo permita desarrollar nuestra vocación y aportar nuestros dones a la construcción de la sociedad desde el bien común.
■ El reconocimiento del trabajo reproductivo, que ponga en valor aquellos trabajos de cuidados que posibilitan y sostienen la vida.
■ Seguridad y salud con unas condiciones laborales que no atenten contra la integridad física y psíquica de la persona.
■ Libertad en la empresa para que, como personas expresemos nuestras opiniones, podamos ejercer nuestro derecho a organizarnos colectivamente y participemos de las decisiones que afectan a nuestras vidas.
■ Conciliación real laboral y familiar, mediante la creación de ritmos y mecanismos que posibiliten el desarrollo integral de la persona.
■ El acceso a los derechos para una vida digna, como sanidad, vivienda, educación, o protección social entre otros, no esté condicionado a tener o no un trabajo.

Documentos de interés 

■ Manifiesto 1 Mayo 2018. Sumando fuerzas por un trabajo decente. (pdf)
■ Sigue la conversación en redes sociales con la etiqueta #SINTrabajoDecente


lunes, abril 09, 2018

LA MIRADA DE JESÚS A LA CREACIÓN


 Evangelio en la calle.


¡La forma de situarse que tuvo Jesús de Nazaret ante la creación la podemos describir como tierna, educativa, itinerante, amistosa y transformadora. Vamos a presentarla desde estos puntos de vista a través de algunos textos del Evangelio con un pequeño comentario que fluye fácilmente. ¡Cuánta ternura y belleza se desprenden de estos dos textos!: “¿No se venden cinco pájaros por muy poco dinero? Y, sin embargo, Dios no se olvida ni de uno solo de ellos” (Lc. 12, 6) y éste otro: “Fijaos en las aves del cielo; ni siembran ni siegan ni recogen en graneros, y, sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta” (Mt. 6, 26).


Nuestro Maestro enseña a sus discípulos a pensar y aprender de la madre naturaleza: “Levantad los ojos y mirad los campos, ya están listos para la siega” (Jn 4,35). Y: “El reino de los cielos es como una semilla de mostaza que un hombre siembra en el campo. Es más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas y se hace un árbol" (Mt. 13,31). Mirada educativa.

Jesucristo fue el profeta itinerante por excelencia. Anduvo continuamente por pueblos, ciudades, caminos...: “Caminaba por pueblos y aldeas predicando y anunciando el reino de Dios” (Lc 8,1). No es lo mismo mirar la creación desde la comodidad que hacerlo sin tener “donde reclinar la cabeza”. La mirada itinerante te lleva a no instalarte y a ver en la creación algo que se construye desde el ajetreo.

Él no aparece como un profeta apartado del mundo o enemigo de las cosas agradables, sino como amigo de la vida. Refiriéndose a sí mismo expresa: “Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen que es un comilón y borracho” (Mt 11,19).

Y finalmente su mirada a la realidad fue la de un trabajador con todo lo que lleva el trabajo de transformación y colaboración con la creación: “¿No es éste el carpintero, el hijo de María?” ((Mc 6,3).

Si miramos como Jesús miraba la creación, ¿mejoraría o cambiaría nuestra mirada en la familia, asociación, trabajo?


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Antonio Hernández-Carrillo
 "TU" número 185


domingo, marzo 25, 2018

BALANCE MIGRATORIO 2017 - FRONTERA SUR

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“La realidad es insoportable”, advierten, 249 personas han perdido la vida en 2017 intentando alcanzar a España, entre ellos Samuel, el niño de 4 años cuyo cuerpo apareció en enero en las costas de Barbate y el de su madre, Véronique Nzazi descubierto en febrero en Argelia. La asociación recuerda que en los últimos 20 años, más de 6.000 personas han fallecido intentando alcanzar España por la Frontera Sur. Estos son solo datos que ha logrado contrastar la APDHA ya que, según la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), por cada persona que se ha comprobado que falleció, de otras dos no se supo nunca nada, lo que llevaría a triplicar esta “cifra ya horrible”. ...






Ver informe completo 




viernes, marzo 23, 2018

MIRAR LA CRUZ

Nuestra opinión en papel



   Se acerca la Semana Santa. Un año más el aire se llenará de olor a incienso, a cera y a flores. La gente saldrá a la calle a encontrarse con la representación de uno de los momentos más crueles de la historia: un crucificado y su madre doliente. Algunos lo vivirán con recogimiento y con fe, para la mayoría no será más que una manifestación cultural, un espectáculo.

   Muchos cristianos, sin embargo, no dejamos de preguntarnos en estas fechas qué sentido tiene la Cruz hoy, ahora, en esta circunstancia y en este momento particular de nuestra historia.


   Basta una mirada a la realidad para que cualquier seguidor de Jesús se sienta interpelado, inquieto. Desde la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) nos sentimos especialmente preocupados por la situación de empobrecimiento y deshumanización que vive el mundo obrero y del trabajo. Por más que nuestros gobernantes hablen de recuperación económica, no es lo que constatamos los que trabajamos a pie de calle. 


   Así que la Cruz es hoy, el paro de muchas familias (según la EPA – Encuesta de población activa- en el último trimestre del pasado año la tasa de paro ascendió al 25,87 por ciento en Granada)


   Cruz es trabajo precario, con contratos que no suponen estabilidad, ni un salario que permita vivir, ni unas condiciones dignas, ni un horario que permita atender las necesidades de las familias. Una nueva forma de esclavitud.


   Cruz son mujeres utilizadas como objetos, realizando cualquier trabajo para sacar adelante a sus familias, mal pagadas, mal tratadas, más pobres ellas y sus hijos y los hijos de sus hijos porque esa pobreza se hereda.


   Cruz son jóvenes sin futuro, sin proyecto de vida, porque no se puede tener un proyecto vital sin trabajo, o trabajando a ratos o trabajando por nada. 


   Cruz es violencia gratuita, guerras, hambre, destrucción, niños huérfanos, personas migrantes que pierden sus sueños en el mar… Cruz son los CIES…Cruz es todo aquello que limita la vida, que hace sufrir al ser humano. Cruz es también el egoísmo humano.


   No nos engañemos, la Cruz no tiene nada de amable, ni de bueno…Solo si somos capaces de convertirla en Vida tendrá sentido. 


   Transformar la Cruz en Vida, en Resurrección, significa acompañar a los que son crucificados de este mundo, los que sufren violencia bajo cualquiera de sus formas, los descartados de la sociedad, los deshumanizados, los ofendidos en sus derechos laborales, sociales y políticos. Para cualquier cristiano de bien, mirar la Cruz es mirar al hermano, y además “bajarlo” de la Cruz, denunciando las causas que provocan su sufrimiento, haciéndolo visible en esta cultura que se ha vuelto indiferente, denunciando un modelo económico, que en palabras del el Papa Francisco, mata; un modelo social fundamentado en la desigualdad y el descarte y recuperando para la Vida a estos hermanos nuestros, desde el Servicio, la Solidaridad y la Comunión. ¿Qué otra cosa puede significar “buscad primero el Reino de Dios y su Justicia” (Mt 6, 33)




María Rosa Mercado Alonso
Militante de la Hoac de Granada
Publicado en Ideal de Granada ( 20/03/18)


miércoles, marzo 07, 2018

#IgualesenDignidad, iguales en derecho



Manifiesto 8 de marzo. Día Internacional de la Mujer Trabajadora 

Juventud Obrera Cristiana • Hermandad Obrera de Acción Católica

«Es un trabajo que me gusta, pero las condiciones son muy malas. Trabajar así es muy duro. Y cada vez está peor. Ojalá llegue un día en que se pueda trabajar dignamente». Charo es una trabajadora de 54 años, divorciada y con dos hijos mayores de treinta. Durante 14 años ha trabajado como camarera de piso en un hotel.

El trabajo es el medio de participación social y política, y debe de poner de manifiesto la sagrada dignidad de la persona. El resultado de un trabajo digno es una sociedad equitativa y justa. Cuando el trabajo no prioriza a la persona por encima del capital, se daña la vida y a la humanidad.

Hoy las mujeres continúan sufriendo en su dignidad porque:

— Siguen cobrando menos por realizar el mismo trabajo que los hombres, estableciéndose una brecha salarial que, según los sindicatos, se sitúa en el 30%.

— Más de dos millones de mujeres quieren trabajar y no pueden (2.011.000; tasa paro 18,35%). Las dificultades de encontrar empleo son históricamente mayores que los hombre (tasa paro 14,97%). (IV Trimestre 2017, EPA 2017).

— La pobreza tiene rostro de mujer. Más de dos millones de mujeres trabajan a tiempo parcial (2.066.000) provocando que, pese a que haya trabajado a lo largo de toda su vida, sigan siendo mujeres trabajadoras y pobres.

— El 89,1% de las personas que optaron voluntariamente por trabajar a tiempo parcial, para hacerse cargo del cuidado de personas dependientes, son mujeres, que soportan una multitud de cargas y tareas que impide una conciliación real entre trabajo y familia.

— Más del 85% de las responsabilidades siguen copadas por profesionales masculinos (INE, 2016), Colocando así a la mujer ante un techo de cristal invisible.

— Una publicidad que perpetúa los roles tradicionales de desigualdad y discriminación, consolidando a nuestra sociedad a una violencia de género estructural.

— Existe una violencia de género estructural insoportable que atenta directamente a la vida. 48 mujeres han sido asesinadas en 2017, siendo la punta del iceberg de este enorme problema social.

Desde nuestra fe cristiana, proclamamos que la dignidad de la persona es sagrada e inviolable.

Nos sentimos Iglesia encarnada en la sociedad junto a quienes sufren las injusticias; para construir entre todos y todas unas condiciones de vida donde mujeres y hombres desarrollemos nuestra vocación a la que el Padre y Madre Dios nos llama, a través de una acción transformadora y liberadora. Queremos situarnos cercanos a estas situaciones generando luz y esperanza, tal y como se desprende del seguimiento de Jesús, el obrero de Nazaret y de su proyecto humanizador, de vida buena, para todas y todos.

La JOC y la HOAC, Iglesia en el mundo obrero, comprometidas en la consecución de un trabajo decente y digno, hacemos nuestros los sufrimientos y la indignación que provoca las desigualdades e injusticias que sufren las mujeres.

«Ahora sabemos que podemos tener una esperanza de que esto cambie. Siendo unos pocos no se puede hacer nada, pero muchos tenemos mucha fuerza». Charo.

Por eso:

■ Reivindicamos un cambio del sistema económico y cultural que valore el cuidado y sostenibilidad de la vida, la dignidad de las personas y el bien común.

■ Pedimos una conciliación familiar real que nos permita compartir los cuidados y la vida. Para ello, es esencial desarrollar servicios públicos que atiendan las necesidades de menores y dependientes.

Exigimos a las instituciones y a los responsables políticos el cumplimiento de las leyes hechas por la igualdad de oportunidades (Ley Orgánica 3/2007) entre mujeres y hombres

■ Condenamos todo tipo de violencia contra la mujer. Para ello es necesario que juntas y juntos construyamos puentes inclusivos en las diferentes maneras de relacionarse y comunicarse en el mundo laboral, familiar, de lenguaje, educacional…

■ Consideramos fundamental promover una educación basada en valores de igualdad, respeto, solidaridad, empoderamiento y complementariedad, en la que se derrumben cánones impuestos de feminidad y masculinidad que no permiten desarrollarnos de manera integral como personas libres.

Desde la JOC y la HOAC, nos sentimos llamadas y llamados a celebrar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Por eso, junto al resto de compañeras y compañeros de las organizaciones sindicales y feministas nos sumamos a la movilización, especialmente al paro laboral, para visibilizar las discriminaciones que sufren las mujeres trabajadoras en el acceso y en el empleo, y dar voz a tantas mujeres heridas por este sistema patriarcal, deshumanizador y tan contrario a los planes de Dios para la humanidad.



Sigue la conversación en:
#IgualesenDignidad
#VivasLibreUnidas
#8M



martes, marzo 06, 2018

JUNTO A LA CRUZ DE JESÚS


 Evangelio en la calle.


¡Qué privilegio y exigencia tan potente lleva consigo estar junto a la cruz de Jesús! Esa gracia la tuvo, en primer lugar, aquel grupo de seguidores decididos y valientes que estuvieron en el Calvario: “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la mujer de Cleofás y María Magdalena…y el discípulo al que tanto quería. (Jn 19,25-26).

Desde entonces hasta ahora muchas generaciones de cristianos han estado y están junto a la cruz de Jesús, que no significa nada más que una manera de ser seguidores de Cristo no ya de una forma piadosa o sentimental sino consustancial a nuestra fe. Quiero decir: con una vida de identificación con Cristo, de comunión con él, de fortaleza de ánimo, de aceptación total de su entrega, de silencio ante el misterio y de ofrecimiento para secundar su mismo camino estando junto a tantos y tantos crucificados de hoy.

En ese grupo pequeño de gente, que señala el Evangelio, se encuentra la primera comunidad cristiana, la Iglesia de ayer y de hoy con todas sus comunidades y… ¿por qué no? estamos tú y yo y… la HOAC con todos nuestros amigos y amigas. Estar al pie de la cruz, decía antes, es un gracia que se convierte en una bendita exigencia (“jamás presumo de algo que no sea la cruz de Cristo”, dice Pablo. Gal 6,14). Porque la contemplación de la cruz lleva a permanecer junto a tantas cruces por enfermedad, falta de trabajo, precariedad, fronteras, vallas, persecuciones…

Desde el observatorio de la vida vemos con frecuencia demasiadas cruces que nos llevan de la mano a la cruz de Cristo. Mirarlas, acompañarlas (pudiendo hacer algo o nada) nos hace respirar vida, entusiasmo, ganas de luchar, identificarnos y no huir de la realidad sufriente de Cristo y de nuestro mundo.

No es distinta la cruz de la calle de la de Jesús. Es la misma cruz de Cristo llenando de energía y luz las cruces a las que la existencia humana nos acerca.

¡Situémonos siempre junto a la cruz!

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Antonio Hernández-Carrillo
 "TU" número 184

lunes, marzo 05, 2018

RENTAS BÁSICAS Y TRABAJO

Nuestra opinión en papel



   En una valoración de las propuestas sobre rentas básicas, el economista Enrique Lluch Frechina concluye: «El análisis desde la Doctrina Social de la Iglesia nos lleva a ver que los esquemas de rentas no condicionadas pueden ser un buen instrumento para priorizar a los más desfavorecidos y lograr que todos tengan al menos lo suficiente. Para ello es necesario que, a partir de los principios del bien común, del destino universal de los bienes y de la exigencia de justicia social, la prioridad económica deje de ser tener más para pasar a ser que todos tengan al menos lo suficiente». En la HOAC compartimos este planteamiento.

   Entendemos que es necesario y urgente modificar el objetivo social. Lo prioritario debe ser que todos dispongan de lo suficiente para vivir dignamente. Hay que pasar de políticas que lo fían todo al crecimiento económico a otras que se centren en dos objetivos que no deberíamos separar: por una parte, políticas dirigidas a garantizar ingresos mínimos para todos; y, por otro, políticas dirigidas a ofrecer, a todas las personas con capacidad de hacerlo, la posibilidad real y efectiva de colaborar con su trabajo a la construcción de la vida social. En ocasiones podrá ser a través del empleo, del trabajo remunerado, en otras lo será a través de trabajos no remunerados pero necesarios para la vida familiar y social; trabajos que necesitamos crecer en reconocer y valorar como tales.

   Se trata de dos necesidades básicas de las personas, las familias y la sociedad. Las personas necesitan unos ingresos mínimos para vivir, pero también trabajar, poder aportar sus capacidades a los demás y a la vida social. Son condiciones básicas para desarrollar nuestra humanidad. Las familias necesitan unos bienes básicos para desarrollarse como tales y necesitan cuidar la vida con el trabajo. La sociedad necesita incluir a todos y contar con la aportación de todos. Son dos necesidades exigidas por el bien común y la justicia social. Una distribución mucho más justa de la riqueza social, sin excluidos, y el desarrollo de nuestras capacidades a través del trabajo, se necesitan mutuamente.

   Este cambio de objetivo social es necesario para el presente y el futuro humano de nuestra sociedad. Porque la situación que vivimos no es algo coyuntural, sino un componente estructural de un modelo económico, social y laboral que genera cada vez más desigualdades. Un modelo que está haciendo crónica la pobreza y la exclusión, en el que el empleo que genera el crecimiento económico es insuficiente y extremadamente precario en muchos casos, de tal forma que crecen las personas con empleo en situación de pobreza, y el empleo ya no es para todos camino de integración social. Garantizar unos ingresos mínimos es, además, un medio importante para caminar hacia un trabajo digno, porque con frecuencia se imponen condiciones indecentes de empleo aprovechando la extrema necesidad de las personas. Es necesario porque la primera responsabilidad de la sociedad, y en ella del Estado a su servicio, es atender las necesidades de las personas.

   La Iglesia, servidora de los pobres y de la dignidad de la persona por fidelidad al Evangelio, deberíamos poner todo nuestro empeño en colaborar a este necesario cambio de los objetivos sociales. Muy particularmente contribuyendo al imprescindible cambio de mentalidad que nos ayude a caminar en esa dirección, fundamental para una sociedad justa y fraterna


Carmelo Donado Campos
Presidente de la Hoac de Granada
Publicado en Ideal de Granada ( 04/03/18)


miércoles, febrero 07, 2018

S U P E R V I V E N C I A





S U P E R V I V E N C I A


Me duelen sí, me duelen grandemente
Y quiero este dolor sacralizado,
Revestirlo de amor esperanzado,
En humano silbido trascendente.

La noche con la luna ya en creciente
Suscita miedo al sueño no alcanzado.
¡Tanto tiempo haber premeditado!
¡Con anhelo una vida diferente!

Vibra el alma y el corazón bombea
Bajo un cielo teñido de esperanzas
Sobre azules que anuncian la llegada.

De pronto, les sorprende la marea,
Al cabo, sobrevienen las bonanzas
¡Y al llegar… la ilusión amenazada!


Gertrudis Ruiz




martes, febrero 06, 2018

AMOR DE COMUNIÓN Y EMIGRANTES TIRADOS EN LA CALLE


 Evangelio en la calle.


En estas fechas pasadas se ha dado en Granada un suceso que, por desgracia, se está repitiendo con frecuencia en nuestras ciudades y pueblos. Me refiero al traslado clandestino de inmigrantes llegados en pateras a nuestras costas y que, una vez que pisan tierra y son “fichados”, las autoridades los suben en un autobús y los “sueltan” en cualquier sitio y… a deshora. En la ocasión a la que me refiero, fueron abandonados a su suerte en las cercanías de la estación de autobuses (mintiéndoles sobre una ONG que se haría cargo de ellos).

Los mandamases se enteraron tarde y algunos de ellos se pusieron a discutir en la prensa sobre los responsables de tal abandono pero no se interesaron por la situación en la que podía encontrarse aquel nutrido grupo de africanos totalmente perdidos y con solo un documento en su haber en el que se leía: nombre, apellido y orden de devolución a su país, es decir, irregular-ilegal.

Providencialmente una comunidad de misioneros combonianos se enteraron del abandono tan inhumano de estos hermanos y ofrecieron alojamiento en su casa a los diecinueve que estaban perdidos en los alrededores de la estación. Estos religiosos tuvieron inmediatamente ayuda de sus amigos y comunidades cercanas para que los emigrantes tuvieran la estancia digna que les corresponde como hijos de Dios.

Ahora nos toca a cada uno hacer nuestra reflexión y compromiso ante tal o parecidos hechos. ¡Cuántas y cuántas situaciones parecidas conocemos y vivimos todos! Yo en esos días leía, y me venía como anillo al dedo, que la fe cristiana es “un TODO que se puede expresar en la palabra COMUNIÓN y que nuestro papel es no resistir al tratamiento que Dios nos propone como remedio para nuestros males individuales y colectivos” (Cuaderno 10. Amor de Comunión. G. Rovirosa. Ediciones HOAC pág. 15), unía ese Amor de Comunión con los emigrantes tirados en la calle y me decía: No puede ser de otra manera: El Evangelio está en la calle y en la estación de autobuses.

¡No nos resistamos al Amor de Comunión!
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Antonio Hernández-Carrillo
 "TU" número 183









lunes, enero 29, 2018

GRANDEZA Y MISERIA DEL TRABAJO HUMANO

Nuestra opinión en papel



   Todos conocemos a gente que están bien en su trabajo: realizados personalmente, reconocidos y valorados, con salarios dignos y derechos encarando su futuro con esperanza y tranquilidad. Son la imagen que el sistema se encarga de hacer valer y pregonar a los cuatro vientos: “sólo nosotros (el capitalismo liberal) podemos garantizar la riqueza y abundancia para todos”.

Todos conocemos también a gente que no tienen empleo o lo tienen en “precario”, sin derechos, muchas horas de trabajo, poco sueldo, poco respeto y valoración del trabajo, sin futuro y esperanza (hay muchos detrás esperando esas migajas del sistema económico y jurídico, para los “descartados”).


La lógica economicista de la cultura capitalista neoliberal que respiramos impide vislumbrar la humanidad integrada, en paz con ella misma en el mundo del trabajo; y nos lleva al delirio de la productividad, del máximo beneficio, de la competitividad, de la lucha en esta selva del “sálvese quien pueda”, al individualismo insolidario. Son contravalores que ponen de manifiesto que solo la abundancia de recursos es inversamente proporcional a la humanidad en las relaciones laborales.


El trabajo tiene una importancia decisiva en la vida de las personas: aumenta la autoestima, ayuda a la autorrealización, socializa y genera relaciones gratificantes de encuentro y convivencia con los otros, nos educa en el respeto y empatía para el trabajo en equipo, contribuye a hacer crecer la obra de todos; en definitiva, nos personaliza y socializa.



jueves, diciembre 28, 2017

NAVIDAD: EL OMNIPOTENTE SE HACE HUMANO

Nuestra opinión en papel



   En estas fechas conmemoramos el nacimiento de Jesús de Nazaret, fecha grande y sencilla para los cristianos. Dios omnipotente se encarna en un niño, se hace débil, pequeño, frágil; necesitado de ternura y amor, de calor y acogimiento, de cuidado y alimento de la madre, de nuestra misma naturaleza humana para… divinizarnos. Esto nos desconcierta y nos sorprende, nos desborda y nos asombra, desde el primer momento de su nacimiento: Lo acostó en el pesebre porque no había sitio para ellos en la posada (Lc 2, 1-14) 

Nació en el seno de una familia trabajadora pobre, en un pueblo marginado: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Replicó Natanael a Felipe (Jn 1, 46). Pablo a la comunidad de Filipos les escribe: Jesús siendo de condición divina, no se aferró a su categoría de Dios, al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, haciéndose uno de tantos (Flp 2,6-7)


La Navidad es celebrar este gran acontecimiento de abajamiento, de gozo, de alegría, de seguridad del Dios de la vida y la fraternidad; es recordarnos el gran legado universal de amor incondicional y sin límites que nos propone Jesús y que nos hace a todos humanos.


Navidad no es el consumo desenfrenado del que se encargan las campañas publicitarias de las grandes empresas y nos lo transmiten desde los distintos medios de comunicación a partir de fechas cada vez más tempranas. No toda la ciudadanía va a poder consumir por igual. De ahí los siguientes hechos y testimonios: María, con 800 € no puede tirar campanas al vuelo; otra vecina con 367 € de pensión no contributiva no puede hacer grandes compras; otros vecinos han tenido que dejar la vivienda y volver a vivir con sus padres, pues con 426 € no pueden permitirse pagar la hipoteca y el resto de necesidades básicas. Y no digamos nada de las 17 familias que pierden diariamente su vivienda (INE), ni del 30% de los niños que están en riesgo de pobreza y exclusión social, ni de las personas que huyen del hambre, de la miseria o las guerras. Según Intermón Oxfam, los señores del Ibex 35, cobran 207 veces más que el empleado que menos cobra de su propia empresa. 


Todos estas situaciones son despreciables, porque destruyen al ser humano y el ser humano está hecho para la acogida, la solidaridad y la fraternidad como demuestran estos hechos y testimonios de signo distinto: El joven que se va a los campamentos saharauis para acompañar a aquella gente; el vecino que lucha con “Stop Desahucios” en contra de que las familias sean desalojadas de sus casas; aquel otro que deja su vivienda para que sea habitada por una familia sin recursos; los voluntarios que acuden a acoger a los inmigrantes que llegan en pateras…


Seamos sinceros y dejemos al hombre viejo del consumismo y convirtámonos al hombre nuevo de la acogida y fraternidad (Ef 4, 22-24) combatiendo todo lo que destruye al ser humano y construyendo el Reino de paz contra la violencia, de justicia para el pobre, de liberación para el oprimido, de defensa de los derechos de los débiles (Lc 6, 32-35). Si hacemos esto, estaremos celebrando siempre la Navidad.


La felicitación de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica) para esta Navidad recoge una frase de nuestro primer militante Guillermo Rovirosa, refiriéndose lógicamente al nacimiento de Jesús, en la que dice: En un lugar escondido, donde nadie podía pensar, sin bombo ni platillos, ante la indiferencia universal…y aparece la foto de un niño sucio y abandonado en una caja de cartón.



Virginia Pinilla Moreno
Militante de la Hoac de Granada
Publicado en Ideal de Granada ( 27/12/17)


sábado, diciembre 23, 2017

En un lugar «escondido»…




     Fernando Díaz Abajo | Donde nadie podía pensar, sin bombo ni platillos, ante la indiferencia universal… Ahí nace Dios.

Nuestro mundo «pone» siempre la navidad antes de tiempo: luces en las calles, adornos, música, escaparates, catálogos de regalos, centros comerciales repletos de gente consumiendo, gastando, caminando hacia una prometida felicidad, hacia esa oferta que dice que si tienes más, gastas más, y estás por encima de los demás, serás feliz, y todo tu mundo será genial. Hay mucho ruido ahí. Demasiado como para poder vivir la verdadera Navidad. Tanto ruido, que nos adormece y nos ensordece. Tanto que, si entramos en esa espiral, perdemos la guía y el camino para llegar a la verdadera Navidad.

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miércoles, diciembre 20, 2017

LA LÓGICA DEL PESEBRE DE BELÉN


 Evangelio en la calle.


Puede que la frase del Evangelio de Lucas: “lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada” (2, 7) nos suene a algo infantil y dulce y nos deje sin buscarle su lógica central. (Nótese que en ese pasaje en el que se narra el nacimiento de Jesús, aparece dos veces más lo del pesebre: vers. 12 y 16). Vamos al grano: ¿Cuál es esa lógica? Que en Jesús de Nazaret, Dios no se disfrazó de hombre reduciéndose a una idea lejana y celestial sino que se hizo cercano a aquellos y aquellas que son despreciados, perseguidos, sin trabajo, refugiados…”La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros” (Jn 1,14).

La lógica del pesebre es la proximidad de Dios con cada una de esa pobre gente que sufre el peso de la explotación, soledad o desprecio de este mundo y de nosotros mismos cuando nos dejamos llevar por la lógica de los privilegios o por nuestras exclusivas fuerzas y no confiamos plenamente en el Dios de Belén. El pesebre es una invitación contundente a romper la lógica de los fuertes y aferrarnos a la lógica de los débiles..

No seamos miopes, la lógica de este mundo es una llamada, a veces clara y a veces camuflada, a aferrarnos a los privilegios, al dinero y a la exclusión del diferente y la lógica del pesebre nos conduce irremediablemente a la compasión, inclusión y gratuidad.

El Papa Francisco en la Navidad del año pasado nos invitaba a “detenernos frente al pesebre”. Esa contemplación lleva a: 1.- Dar gracias por tantas señales de entrega desinteresada que el “Dios con nosotros” (Mt 1,23) concede a tantas y tantas personas y comunidades y a nosotros mismos. 2.- Asumir la responsabilidad que nos pertenece sin desanimarnos y sin buscar privilegios ni protagonismos. Dios se mete en el “lío”, metiéndonos a nosotros con él y 3.- Exigir el pan y trabajo que no nos esclavice y que nos permita proyectar un futuro de la mano de Dios y de nuestros hermanos.

Por favor, ¡no seamos posaderos, seamos pesebres!
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Antonio Hernández-Carrillo
 "TU" número 182 





lunes, noviembre 20, 2017

#JornadaMundialdelosPobres



     El papa Francisco ha convocado para el 19 de noviembre la primera Jornada Mundial de los Pobres. Desde el principio de su ministerio, Francisco ha insistido en que necesitamos situar a los pobres «en el centro del camino de la Iglesia». Así, en Evangelii gaudium, decía: «Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres» (n. 187); porque «el corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres (…) Dios les otorga su primera misericordia. Esta preferencia divina tiene consecuencias en la vida de fe de todos los cristianos, llamados a tener los mismos sentimientos de Jesucristo (…) Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres» (nn. 197 y 198).

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domingo, noviembre 19, 2017

POBRE DE SOLEMNIDAD Y TRABAJADOR


 Evangelio en la calle.


Él es marroquí. Trabaja en el cultivo y recogida del tomate en una zona de invernaderos. Se desplaza en su vehículo, que corre a su cuenta, un par de horas diarias. Trabaja otras nueve y cobra 40 € el día que lo hace. Tiene que pagar alquiler de piso, luz, agua, la gasolina del traslado (200 kilómetros), butano… Dependen de él su compañera y dos hijos. ¡Decidme si con cuarenta euros se puede vivir con desahogo! Y decidme también si este trabajo es signo de estabilidad, desahogo familiar, posibilidad de una vida digna o de alimentación adecuada para los hijos.

Necesariamente este vecino marroquí tiene que acudir a Cáritas porque ese jornal no llega ni para la mitad de sus necesidades.

Y por eso mismo podemos preguntar: ¿Tener trabajo es señal de una vida digna para el obrero? Y doy ya la respuesta con los hechos en la mano: ¡Por desgracia, en los tiempos que corren, se puede trabajar y ser pobre de solemnidad o “pobre legítimo” como decía un viejo gitano de mi barrio!

El “ganar el pan con el sudor de la frente” bíblico lleva consigo el trabajo pero también el pan, que siempre será signo y símbolo de bienestar, felicidad, dignidad y vida en abundancia para la familia y para la comunidad.
Jesús de Nazaret se ganó el pan para su sustento y Pablo recomienda a los tesalonicenses que trabajen con tranquilidad y coman el pan que ellos mismos ganan (II Tes 3,12).

Si el trabajo no es pan, ¿qué es? Por eso, el trabajo de tantos miles y miles, como el del marroquí, clama al cielo: “El jornal de los obreros que han segado vuestros campos y ha sido retenido por vosotros está clamando y los gritos de los segadores están llegando a los oídos del Señor todopoderoso” (Sant 5, 4)) y está destruyendo la dignidad del trabajo en nuestra sociedad y, por eso mismo, luchar por el trabajo y el pan inseparablemente es una señal inequívoca de ser buena gente y buen cristiano. ¡Danos hoy nuestro pan!

¡Manos a la obra!

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Antonio Hernández-Carrillo
 "TU" número 181 

jueves, noviembre 16, 2017

Nuevo gesto de la HOAC de Granada en torno al Trabajo Digno.


     Un mes más y dentro de la campaña "Trabajo Digno para una Sociedad Decente" nos hemos dado cita en para expresar publicamente la urgencia de un Trabajo Digno. Fue en la tarde del pasado sábado 11 de noviembre; y en esta ocasión hemos compartido Gesto y Eucaristía con la comunidad parroquial de Santa Fe (Granada) para denunciar que el trabajo tal y como está organizado no es digno ni decente, y así unidos a toda la HOAC hemos puesto de manifiesto, como nos recuerda el papa Francisco, que a quien se le niega el trabajo o se le ofrece en condiciones indignas, se le roba su dignidad.








miércoles, noviembre 15, 2017

A MÁS TECNOLOGÍA, MÁS DERECHO A UNA RENTA BÁSICA

Nuestra opinión en papel



   Cuando Dios crea al hombre, lo pone en el jardín de Edén y le confía el cuidado de la tierra. Así lo dice el libro del Génesis (c. 2, ver. 15): “Tomó, pues Yahveh Dios al hombre y le dejó en el jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase”.

Dios pone la tierra en las manos y al cuidado del hombre. El hombre deberá respetarla, cuidarla y ponerla al servicio de la Humanidad entera, con su trabajo y su inteligencia.

De estos presupuestos se deduce que el trabajo, que el hombre realiza para cuidar de la tierra y que ésta alimente a los hombres, encierra una gran dignidad, porque proviene de la persona, que posee gran dignidad por proceder de Dios y porque su finalidad es cuidar, proteger y alimentar a los hombres.

Por ello, con toda razón el Papa Francisco en su carta encíclica sobre la ecología dice: “Estamos llamados al trabajo desde nuestra creación…El trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal” (Laudato Si, n.128)

El trabajo es una necesidad, nos dice el Papa, y con razón, pues el hombre ha venido a este mundo para realizarse como persona y para colaborar al desarrollo y bienestar común. Y eso se consigue mediante el trabajo, que es camino necesario de maduración y de realización personal.

Pero desgraciadamente el mercantilismo se va extendiendo cada día más y se va apoderando de todas las realidades de la vida humana. Va convirtiendo en mercancía todo lo que toca; se compra y se vende todo; se compra lo más barato posible y se vende lo más caro posible.

Y el trabajo no se ha librado de este mercadeo, y también se ha convertido en mercancía, que se trata de pagar lo más barato que se pueda. Ha perdido su dignidad; se ha convertido , en muchos casos, en un mercadeo indigno y humillante, que en lugar de ayudar a que la persona madure y se realice, ayuda por el contrario a que la persona se arrastre indignamente ante el poder omnímodo del dinero. Se ha deshumanizado al convertirse en vehículo de esclavizar a la persona; pues ésta ni recibe un salario justo, ni puede compatibilizar su vida laboral con su vida en los demás aspectos de la persona: vida familiar, social, etcétera…

El paro, con todo lo que conlleva, es una amenaza permanente que humilla a la persona y la empuja a arrastrarse.
Y de seguir esto así, cada vez habrá más paro, pues el progreso de la tecnología va creando cada vez más maquinarias, que van quitando puestos de trabajo a los hombres. Ya lo advierte el Papa en la encíclica antes citada: “No debe buscarse que el progreso tecnológico reemplace cada vez más al trabajo humano, con lo cual la Humanidad se dañaría a sí misma”.

Ante este serio problema no debemos quedarnos con los brazos cruzados, pues así la situación se empeorará más. Debemos hablar de esto, suscitar preocupación, animar a que la gente se levante y vaya extendiéndose la conciencia de que cuanto más avance la tecnología, menos puestos de trabajo habrá para los ciudadanos y más beneficios para las empresas.

Y entonces algo habrá que hacer para que la sociedad no estalle. Y lo que habrá que hacer será proporcionar a cada persona una renta básica, para que pueda vivir con dignidad y desarrollarse según sus cualidades

Para llegar a eso será necesario haber creado una conciencia común en ese sentido, pues habrá nacido una nueva Humanidad y una nueva Era Histórica.





Ignacio Peláez Pizarro
Consiliario Diocesano Hoac de Granada
Publicado en Ideal de Granada ( 12/11/17)

lunes, octubre 02, 2017

ENTRE LA SOLEDAD Y LA COMPAÑÍA


 Evangelio en la calle.


Así transcurre la vida. Unas veces navegamos sobre la compañía y otras sobre la soledad, pero, sin duda, el dominio y equilibrio entre una y otra dará profundidad y madurez a nuestro ser humano. Nunca será fácil hacer convivir estas dos situaciones tan frecuentes, necesarias e imprescindibles. Sin espacios de soledad no vamos a ningún sitio y sin espacios de compañía, tampoco.

¡Qué bien supo armonizar los dos polos nuestro Maestro y Señor: Jesús de Nazaret! Sus vivencias de una y otra y de las dos conjuntamente se multiplican en los relatos evangélicos. Voy a entresacar algunas de ellas, primero, de soledad. Nos situamos poco antes de la elección de los doce: “Se retiró al monte para orar y pasó la noche orando a Dios” (Lc 6,12). En el Huerto de los Olivos: “Se alejó de ellos como un tiro de piedra, se arrodilló y estuvo orando” (Lc 22, 41).

Fijémonos ahora en el judío marginal con su compañía sin citar ningún texto concreto porque la relación amistosa con sus discípulos, las mujeres, la multitud, los tirados al borde la vida, la familia de Betania, su Madre, Nicodemo… nos dice continua y claramente que Jesús no fue un solitario. Más todavía: cuando se ve abandonado de sus discípulos, sorprendentemente, dice: “Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo” (Jn 16, 32). ¡Enorme alcance de este versículo y de éste otro!: “Se dio cuenta de que intentaban hacerlo rey, entonces se retiró él solo (Jn 6,15).

Quizás no sea un equilibrio descomprometido, ni, por supuesto, equidistancia, ni, mucho menos, un dominio burgués lo que hemos de lograr entre la compañía y la soledad. Es mucho más: ¿Será dejarnos llenar de ellas dos en las angustias y esperanzas de los pobres para ir forjando en nosotros la imagen del hombre nuevo (Col 3, 9-11) al estilo de Jesús, que siempre estuvo y está acompañado y solo? ¡Mirémoslo desde esta perspectiva una y mil veces!

¡Buena manera de plantearse la vida, el día, el mes y el curso!
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Antonio Hernández-Carrillo
 "TU" número 180