sábado, diciembre 10, 2011

Navidad: Dios con las víctimas



Evangelio en la calle
  
  
A veces podemos pensar que la omnipotencia de Dios lo hace lejano y distante: pensamos en Dios en clave de poderío; sin embargo, el acontecimiento de la Navidad nos lleva a todo lo contrario: ese Niño que nace en Belén es el Dios con nosotros “Enmanuel” (Isaías 7, 14 y Mateo 1, 22-23). La omnipotencia de Dios se manifiesta en su amor encarnado. Más todavía, el Dios con nosotros aparece envuelto en tal grado de pobreza y despojamiento (Lucas 2, 1-21) que, quedándonos boquiabiertos por suceso tan a contracorriente, afirmamos que nuestro Dios es el Dios con las víctimas.

Todo esto (que pertenece a lo esencial de la fe) tiene consecuencias
infinitas para nosotros. Veamos algunas:

La primera nos viene de la mano del texto: “Siendo rico, Cristo se hizo pobre para que enriquecernos con su pobreza” (II Corintios 8, 9). Dios se rebaja para elevarnos. Dios se hace carne en nuestra propia carne para dignificarnos infinitamente. Ésta es la verdadera Navidad. En este Niño, el caminar humano cuenta con la presencia y compañía de Dios.

La segunda da más vida a esa humanización de Dios y divinización del hombre ya que el Dios con nosotros es en realidad el Dios con las víctimas. Puesto que se rebaja hasta los límites más insospechados de la historia: véase el Evangelio de Lucas citado: pesebre, sin lugar en la posada, siendo transeúntes, la primera visita de los pastores, pobreza y despojamiento total. ¿Cabe más abajamiento?

La tercera es una conclusión lógica: No podemos permanecer pasivos ante tal acontecimiento. Debemos celebrar cada día la Navidad. ¿Cómo? Gustando y contemplando este misterio de salvación. En silencio, agradecimiento y haciéndonos esta pregunta: ¿Qué puedo yo hacer ante tanto sufrimiento de las víctimas que hay a mi alrededor para injertar en ellas la savia de la dignidad, la savia que brota de Belén?


Antonio Hernández Carrillo
¡TU! numero 134

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